3 may. 2017

OPOSICIÓN VERSUS OPOSICIONISMO




            A raíz del desplome de la Unión Soviética y el derrumbe del muro de Berlín se impulsó a nivel mundial la tesis de la muerte del socialismo y el afianzamiento del capitalismo como único sistema sociopolítico válido para regir a la humanidad. Sin embargo, el arribo al poder del Comandante Hugo Chávez, quien levantó la bandera socialista y propuso el resurgimiento de un nuevo socialismo, el Socialismo Bolivariano, basado en la democracia directa, participativa y protagónica y los postulados e ideas de los libertadores (Miranda, Bolívar, Simón Rodríguez, Ezequiel Zamora), causó un enorme ruido internacional y las miradas imperialistas se enfocaron hacia Venezuela. Los factores de derecha nacional e internacional notaron que los cambios eran una transformación política radical de 180° y no una continuación del sistema capitalista. Grave amenaza al régimen capitalista y sus intereses políticoeconómicos. Había que detener a toda costa el afianzamiento de este modelo y su expansión hacia otros países.             
En la época de la guerra fría el imperialismo estadounidense se valió de persecuciones policiales, golpes de estado y satanización de la izquierda para detener las luchas reivindicativas de los pueblos explotados y exprimidos por las grandes trasnacionales y el poder económico mundial. En cada ocasión que en los países de nuestra América se intentaba constituir algún gobierno progresista, era derrocado por el poderío norteamericano con ayuda de sectores apátridas, militares, políticos de derecha y el poder económico oligárquico de los países que osaban enarbolar las banderas del socialismo.
Luego de la desintegración de la URSS el imperio modificó sus maneras de “tumbar” los gobiernos populares y progresistas que vayan en contra de sus intereses. Hoy en día se valen de la creación y consolidación de grupos radicales internos con apoyos internacionales a los cuales llaman la “oposición al régimen”, dándole una mascarada democrática a estos factores desestabilizadores y golpistas.
Ahora bien, para desenmascarar el origen apátrida y lacayo de estos grupos y su intención golpista tenemos que precisar y mostrar que es una “oposición política” y que es “oposicionismo político”.
Según el Diccionario de la lengua española (http://dle.rae.es/?id=R6zXXwD), oposición es la “acción y efecto de oponer u oponerse”, “conjunto de grupos o partidos que en un país se oponen a la política del Gobierno o al poder establecido” y define oponerse como “poner algo contra otra cosa para entorpecer o impedir su efecto”. Podemos parafrasear que según este diccionario la oposición vendría a ser aquellas acciones llevadas a cabo por un grupo de personas o partidos políticos en contra de las políticas establecidas por el gobierno. No se plantea en esta definición que la oposición implique el cambio del sistema político. Para profundizar un poco más tomaremos una exposición realizada por Piedad Córdoba (http://www.semana.com/opinion/articulo/para-que-sirve-oposicion-politica/68746-3) en relación a lo que implica el asumir una postura de oposición política. Según Piedad la oposición política es “…uno de los grandes signos de madurez política de la democracia…Gobierno y oposición son dos extremos de un mismo proceso político, representantes ambos de un mandante común, la sociedad civil, destinataria final de sus actuaciones…los partidos de oposición son solo canales de expresión de la inconformidad de la comunidad. Su tarea es mostrar la inconveniencia de las decisiones del gobierno, manifestar el descontento de la sociedad ante tales decisiones y defender las conquistas sociales frente a las arbitrariedades del poder…” Diríamos entonces que una postura democrática de oposición política manifestaría una actitud de defensa de las reivindicaciones socioeconómicas y políticas frente a los actos injustos, abusivos e ilegales del gobierno. Es decir, en principio se estaría de acuerdo con el modelo político, siempre y cuando vayan en función del beneficio social del pueblo, y, el desacuerdo iría en función de los desaciertos del gobierno para dar cuenta de la justicia social y se apoyaría aquellas acciones que favorezcan al colectivo. Solo se plantearía el cambio del modelo político cuando sus postulados contravengan el bienestar colectivo y prioricen el enriquecimiento de una clase social, empresarial o política a expensas de la clase trabajadora y el pueblo.
A partir de la refundación de la democracia venezolana bajo el modelo socialista bolivariano, surgió un movimiento político, al que llamamos oposicionista, ya que visto lo señalado anteriormente, en Venezuela no existen grupos de oposición.
Al buscar a través del internet bajo que parámetro teórico significativo podemos enmarcar las acciones violentas, terroristas, intolerantes e intransigentes, que una persona o grupo de personas realizan en contra de un estado y del pueblo, mediante las cuales todas las medidas gubernamentales son negativizadas a ultranza, vemos que la aproximación más adecuada es el de trastorno oposicionista desafiante (Un trastorno psicológico que se ha endilgado a los niños, cosa que no estoy de acuerdo, y que en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales- V se llama como trastorno negativista desafiante). Este trastorno abarca un patrón recurrente de conducta negativista, desafiante, hostil y dirigida hacia las figuras de autoridad que se extiende por lo menos durante seis meses, se encoleriza e irrumpe en pataletas, desafío activo a las normas, violan las leyes o los derechos fundamentales de los demás, rehúsa cumplir sus obligaciones, molesta deliberadamente a otras personas, acusa a otros de sus errores o mal comportamiento, colérico, resentido, rencoroso, comportamientos destructivos, de crueldad y de intimidación. Al comparar las acciones llevadas a cabo por los grupos políticos encuadrados en la MUD con este trastorno vemos muchos elementos que nos permiten decir que estos factores políticos de la derecha muestran un comportamiento oposicionista.
Estos grupos radicales oposicionistas organizan e implementan una serie de ataques a la economía, exacerban la inseguridad y la violencia social, intensifican campañas mediáticas y mensajes en contra de la gestión gubernamental a través de las redes sociales vociferando que no tienen libertad de expresión, que son reprimidos violentamente, que no hay libertad, realizan actos terroristas, quemas de vehículos de transporte colectivos y de carga, vandalizan e incendian instituciones públicas, trancas en avenidas y calles, guerra psicológica, rompimiento de leyes, desacato a las sentencias del Tribunal Superior, y, en todo momento niegan sus acciones alegando que es el gobierno y los colectivos quienes no los dejan manifestar “pacíficamente”. Se oponen a todas las gestiones que realiza el gobierno nacional, para ellos nada es bueno, nada es adecuado, nada es productivo, nada es beneficioso pero en ningún momento plantean como mejorar esos servicios. Al no manifestar abiertamente su tendencia hacia el sistema capitalista ni sus planes de gobierno, ni su apoyo al individualismo sobre lo colectivo, ni su interés en reducir el rol del estado, acarrean el peligro de la vuelta al sistema “democrático” representativista político, encubriéndose, disfrazando y ocultando sus verdaderas intenciones de acabar con lo ya alcanzado por el proceso socialista revolucionario, intentando eliminar el rol protagónico de la comunidad organizada. Por eso en todo momento reniegan el poder popular y jamás mostraran apoyo a los consejos comunales ni a las organizaciones de gobierno popular comunitario, y, al contrario, buscaran satanizar los colectivos, los círculos bolivarianos, las comunas y todo aquello que implique poder popular. 
Esta acción oposicionista deja entrever sus verdaderas intenciones de acabar con el poder popular y los mecanismos para ejercerlo porque su visión capitalista de gobierno apoya al individualismo en lugar de lo colectivo.
No hablamos de oposición sino de grupos oposicionistas.
            
Lic. Ysrael Salinas
Mg Psicología  Social

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