13 may. 2016

LA CRISIS DE LA SOCIEDAD DE CONSUMO Y LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA




Consumo, sociedad de: Prodigioso envase lleno de nada.
Invención de alto valor científico, que permite suprimir las necesidades reales,
mediante la oportuna imposición de necesidades artificiales.
Eduardo Galeano

Me han pedido en varias oportunidades intervenir sobre la ética de la revolución, del revolucionario, la ética socialista, del misionero, de las actuaciones del ciudadano,  por ejemplo. Para ello, revisando documentos, releyendo autores, he comenzado a plantear algunas disertaciones…
La crisis del capitalismo trae consigo la crisis profunda de la sociedad de consumo. Asumida como la base indispensable para sustentar ese sistema, la sociedad de consumo tiene principios y valores deshumanizados que desviaron el libre y sereno desarrollo humano por el no tan libre y angustiante desarrollo de tener y acumular, tener a través del consumo y a través de las pertenencias, consolidar una identidad basada en lo que se tiene.
La identidad de las personas en la sociedad de consumo parte de lo que se tiene y con ello se siente o se asume el poder. Mientras más tienes, más poder tienes y el sentirse poderoso hace tener relaciones interpersonales siempre en condiciones desiguales y de dominación. El acento de la sociedad de consumo se centra en tener.
Erich Fromm, en su obra Del Tener al Ser (1991), plantea que tener puede ser parte de  la naturaleza humana,  pero siempre que ese tener se asocie a la  “propiedad funcional”, que le sirva a la persona en su propio desarrollo. El tipo de propiedad que sustenta ese tener exclusivo la denomina “propiedad no funcional o  muerta” y genera desviaciones que producen alteraciones en la personalidad, afectando también la sociedad.
La Revolución Bolivariana, pese a la gran deuda social que hereda y consciente de  satisfacer necesidades elementales para saldarla, inicia un proceso identitario, amoroso, auténtico, contrario a la sociedad de consumo. El Comandante Chávez lo inicia rescatando valores y principios vencidos en la sociedad de consumo. Rescata los valores de responsabilidad en aquel “Por ahora”; retoma los ideales de Bolívar, mancillados por la Cuarta República e invisibilizados en los textos escolares; da vida a nuestras raíces, no sólo con Simón Rodríguez, Ezequiel Zamora, sino con las luchas de nuestros aborígenes, nuestros afrodescendientes, nuestras mujeres, nuestros próceres. Nos devuelve el orgullo de ser venezolanos y venezolanas, nos devuelve el amor a la Patria tan desgastado con un país destruido y lleno de pobreza. El proceso Bolivariano inicia un proceso humanista, basado en el Ser.
Chávez y la revolución no prometieron objetos, ni servicios. Ofreció hacer junto al pueblo un proceso constituyente que nos permitiera refundar la patria, ser patriotas y tener la patria sustentada en los valores de Bolívar, nuestro Padre Libertador. Ofreció hacer con el pueblo, por el pueblo y para el pueblo, a través del poder popular, dando poder al pueblo de verdad y no en el ejercicio del voto cada cinco años… y lo hizo.
Las necesidades elementales se convirtieron en satisfacción y acceso a derechos sociales, se reconocieron los derechos fundamentales para el buen vivir y con ello el pueblo empoderado se activó, participó, se hizo protagonista de su historia, no se le dieron dádivas, el pueblo junto al gobierno abrió el espacio para ser a plenitud. Lo social y el ser humano reaparecieron, se hicieron visibles, y también el inicio del trabajo para cambiar ese paradigma asistencial, tan difícil de transformar.
Así, el venezolano estudió convertido en patriota, en vencedor, en triunfador, en cultor, cada derecho reconocido fue apropiado y el pueblo comenzó a construir el poder popular, comenzó a hacer y haciendo, comenzó a ser de nuevo.
La sociedad consumista, en medio del sistema capitalista, reaccionó más allá de las miles de estrategias de guerra psicológica, económica, mediática, financiera, política. Más allá, reaccionó, confundiendo y reforzando elementos culturales internalizados desde el capitalismo, desde la dominación, desde el poder instaurado en cada ciudadano y ciudadana. Perder lo que tienes, desear lo que no tienes, reforzar la identidad ficticia, reforzar y reproducir valores y principios individualistas, egoístas, propios de la sociedad capitalista, de la sociedad de consumo,  de la sociedad competitiva en torno a lo que se tiene, al poder de tenencias, al poder burgués, al poder lleno de propiedades muertas, sin fines de uso, sin poder hacernos seres humanos, solo teniendo cosas que se pierden. Reforzando y confundiendo sobre los tipos de  propiedades: individuales, privadas, de medios de producción, de enajenación.
Agudizándose las contradicciones, se comenzó a olvidar lo que somos, lo que hacemos y se le dio fuerza nuevamente a lo que tenemos, a necesidades ficticias. Se vendieron personas, estilos, principios, se traiciona, se fomenta el consumo y con ello se hiere a la Revolución y principalmente a la sociedad humanista, a la humanidad socialista que aun no termina de nacer. Para agudizar las contradicciones se comienza a atacar las necesidades básicas y la confusión y el equilibrio se agudizan.
Debemos reforzar lo conquistado, impulsar la vida auténtica, “el vivir bien como persona, no como instrumento, es el fin supremo de los propios esfuerzos” (p.149) tanto individuales como sociales y de la Revolución Bolivariana. El buen vivir centrado en el ser será garantía de la suprema felicidad social. Debemos ser productores, estudiantes, trabajadores, padres, madres, hacedores, ser lo que nuestra naturaleza nos exige y producir para todos y todas para poder existir desde lo colectivo, con los valores de la solidaridad como impulso de la trasformación individual y social; solo así lograremos una sociedad humanista, bolivariana, socialista.
Estamos en una época de cambios paradigmáticos, incomprensibles por muchos, aferrados en viejos esquemas y conocimientos vencidos. Prácticas cómodas ya aprendidas e internalizadas. Debemos avanzar hacia una sociedad diferente, esa que emerge de un sistema que se resquebraja, que se niega a morir y que es defendido por aquellos que sólo ven superficialmente, desde la comodidad, del consumo, de lo conocido, desde la propiedad para acumular, desde la identidad frágil centrada en tenencias pasajeras.
En este momento de grandes dificultades, donde las necesidades reales y las ficticias se desdibujan, y donde alcanzar el equilibrio  - en medio de rumores, provocaciones, acciones incomprensibles, muchas de ellas promotoras de violencia- se hace difícil debemos preguntarnos sobre quiénes somos, qué hacemos, qué hemos desarrollado o alcanzado como meta de realización en la vida y con las fortalezas internas, estoy segura que logramos vencer las cotidianidades tan complejas desde la autenticidad.
Lo trascendental es lo verdaderamente autentico, no lo pasajero, eso va y viene y además cambia de acuerdo a las modas, situaciones económicas, sociales y culturales.
La idiosincrasia del venezolano y la venezolana siempre es creativa, con grandes iniciativas positivas y con aportes colectivos, la sociedad de consumo nos atrapa, la sociedad humanista nos libera, es momento de crear, de juntarse, de impulsar, de concentrarnos en construir y producir, es momento de  vencer.
Son dos grandes paradigmas que se confrontan y queriendo o no estamos inmersos en ese combate, con vista larga podremos vislumbrar el futuro de la humanidad,  una nueva  más humana, con valores más sanos o la destrucción basada en competencias desalmadas y un individualismo basado en principios destructivos de lo colectivo.  Debemos aprender a ver desde más allá de lo racional, que nuestras emociones no  transformen lo que vemos, el caos se sitúa en un lado de la vida no en toda, la prueba de realidad frente a lo importante nos da sosiego y paz,   la cotidianidad con los valores y principios del consumir nos da incertidumbre y angustia. Ejemplos sobran en el mundo, basta mirar lo que sucede con los gobiernos neoliberales cuyo objetivo es mercantil e inhumano y los intentos de hacer un gobierno de justicia social cuyo objetivo central es el ser humano, la comunidad y el buen vivir. Debemos tomar conciencia de la realidad interior y exterior de uno mismo para poder avanzar al mundo que soñamos.
Ante las difíciles circunstancias actuales debemos fortalecer la organización, la cooperación, las redes solidarias, la creatividad, la paciencia y principalmente la convicción que son momentos pasajeros…. pasarán, debemos afrontarlos con fe y amor por el prójimo, por nuestras acciones, por nosotros como pueblo y por la patria.
La revolución Bolivariana es esperanza.

Mg. Ovilia Suárez
Erich Fromm. Del tener al ser, 1991, Paidós. Barcelona

5 abr. 2016

COMUNICADO CONTRA LA LEY DE AMNISTÍA Y RECONCILIACION NACIONAL



El Colectivo Psicólogas y Psicólogos por el Socialismo acuerda expresar su más firme rechazo a la Ley aprobada por la fracción Mayoritaria Parlamentaria de la oposición venezolana  ante la Asamblea Nacional,  y a la vez alertar a los ciudadanos y ciudadanas sobre las consecuencias de dicha ley en la sociedad venezolana.

Una ley de amnistía se propone, generalmente, después de un conflicto que ha afectado de manera amplia a una Nación y es producto de un proceso de diálogo, de negociaciones y acuerdos. Esto no ha sucedido con la mencionada ley, sino que ésta ha sido producto de una oferta electoral que no busca la paz ni la reconciliación nacional, sino que tiene otras intenciones políticas.

Una ley que pretende la “reconciliación nacional”, comprende aspectos éticos, morales, emocionales e históricos que impactan directa e indirectamente en la sociedad. Algunas consideraciones contempladas en esta ley recientemente aprobada, afectarán de manera grave aspectos psicosociales relacionados con la convivencia; el respeto a la autoridad, las normas y leyes que sustentan a toda Nación, y en un sentido más particular, pueden afectar también a las familias,  comunidades y al comportamiento humano en general.  

Todo hecho doloroso y violatorio de la integridad física, moral, psicológica y social exige una restauración a las víctimas, que no siempre puede darse como se espera, en tanto la pérdida de la vida, de la calidad de vida, del equilibrio y bienestar familiar no siempre es posible restaurar.  En consecuencia se necesita, por el valor de la justicia, una sanción, un castigo para resarcir el daño ocasionado. Cuando la acción es intencional, la sociedad espera por parte del ejecutante el reconocimiento de dicha acción, de manera que pueda asumir frente al mundo las consecuencias de sus actos, lo que señala el valor de la responsabilidad, tan requerido en nuestros tiempos.

Por ello, un aspecto básico de las leyes de amnistía es el perdón y el reconocimiento a las víctimas del conflicto. Esto no se menciona en la presente ley, lo cual va en detrimento de una verdadera justicia y al contrario, promueve el olvido de los actos y hechos allí mencionados. Si se pretende llegar a una reconciliación nacional, ésta debe partir del diálogo, la verdad y la justicia, lo cual implica el reconocimiento de hechos y acciones que ocasionaron grandes sufrimientos, pérdidas y dolor a muchos ciudadanos y ciudadanas.

La Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional, lejos de generar reconciliación, refuerza las percepciones de injusticia, odio, desesperanza y falta de credibilidad en las normativas humanas y espirituales que rigen la convivencia. En psicología, para poder encontrar la salud mental se requiere que quien haya cometido un delito, lo acepte o niegue haberlo cometido, pero lo que no puede es callarse ante el mismo. Lo que plantea la mencionada ley es olvidar los hechos y borrar el proceso social ocurrido en nuestro país en los últimos 18 años. Esto trae consecuencias importantes a considerar: eximir de responsabilidad a los responsables, es pretender olvidar sus actos, el daño y el sufrimiento causado de forma directa e indirecta. Esto constituiría la anomia absoluta y ello está fuera de toda paz social y reconciliación. Reconciliar no es olvidar, es reconocer y respetar las diferencias, es reconocer las heridas, y es el avance del proceso social el único que puede permitir la reconciliación real, profunda y duradera.

Los hechos que ocasionaron grandes pérdidas y sufrimientos profundos, señalados sorprendentemente como actos a ser excusados de justicia en la mencionada ley, no pueden ser restaurados, ni reparados, por ello no debemos olvidarlos. Al contrario, debemos recordarlos permanentemente para poder resarcir el daño y para que no se repitan. La sociedad universal hace actos conmemorativos permanentes para que no se olviden sucesos como esos. La historia está llena de casos que produjeron terror y muerte: las Madres de Plaza de Mayo, la conmemoración del Holocausto, estan para recordarlos de forma permanente, por mencionar solo algunos. Los esfuerzos que hace la humanidad para preservar el testimonio, a pesar de su fragilidad y su dolor, no tiene solamente el propósito de impedir la repetición, sino de imponer la condición ética de la esencia humana.

La ley promulgada deja el perdón, la reconciliación, la verdad y la justicia fuera del debate social y su significación debe ser discutida, evaluada y analizada por el poder popular. Esta ley produciría más fragmentaciones sociales, morales y emocionales, aumentaría el clima de conflictividad social y transmitiría un mensaje de impunidad que tendría consecuencias psicosociales y legales inmensas para el país.

Por todo lo antes expuesto, el Colectivo Psicólogas y Psicólogos por el Socialismo rechaza la Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional y propone:

  1. La NO aprobación de esta ley, por parte del poder popular, el poder judicial y el poder ejecutivo bajo ninguna circunstancia, por el daño moral, ético, emocional, legal, psicológico y social hacia la Patria. 
  2. Apoyar discusiones nacionales donde se evidencien las intenciones de esta ley y sus implicaciones psicológicas y sociales para la Nación.
  3. Apoyar movilizaciones nacionales y locales en contra de la aprobación de esta ley.
  4. Abrir el debate en las comunidades sobre las consecuencias de esta ley para analizar a profundidad las implicaciones en el desarrollo humano y la familia .




SOBRE LA AGRESIÓN IMPERIAL CONTRA NUESTROS PUEBLOS Y GOBIERNOS






En la América libre se avanza hacia el logro de la mayor suma de felicidad posible -como nunca antes se ha visto- en materia de salud, educación, justicia, alimentación y dignidad. Pero también está en pleno auge una guerra no convencional contra nuestros gobiernos y pueblos.   
   
Así que, otro fantasma recorre –una vez más- América: el fantasma del fascismo. Todas las fuerzas imperiales, contrarrevolucionarias  y reaccionarias se han unido en santa cruzada para apoyar y alimentar a ese monstruo (*).

Dicho fantasma también sabe vivir las épocas, evoluciona y se viste a la moda. Ya no se disfraza con cachuchas o uniformes militares;  hoy lleva el ropaje de los medios de comunicación que matan, engañan, confunden, silencian, mienten y tumban gobiernos.  Su objetivo es sembrar el miedo, la desconfianza, la zozobra, el descontento, la desesperanza y la muerte. Todo ello dirigido diaria y sistemáticamente a la psique y las emociones de la población.

Esclavismo, feudalismo, capitalismo- neoliberalismo y comunicacionismo (como nueva forma de dominación más evolucionada, de control menos visible y sutil, más no por ello menos dañina y mortal). Los medios van delante de las bombas y los tanques.  

En nuestra América se ha desatado una ola restauradora del conservadurismo neoliberal feroz, que arrasa con todo y con todos, siempre a favor de los intereses de los poderosos, que finalmente tributan a las grandes transnacionales, a los dueños del mundo, por obra y gracia del poder del dinero.

 Se irrespeta la legalidad -instaurada por ellos a la medida de sus intereses-, se viola el estado de derecho; se utilizan estrategias judiciales (Brasil) y parlamentarias (Honduras, Paraguay y Venezuela) contrarios a los intereses de las mayorías; eso sin dejar de lado los mecanismos clásicos (magnicidios, golpes, renuncias, fraudes, bloqueos y una nueva Operación Cóndor reeditada), para deshacerse de gobiernos, presidentes y  pueblos incomodos. Es el ensayo de nuevos esquemas, dirigidos desde EEUU, con rutas desestabilizadoras en cada una de nuestras naciones del continente. Crear el caos es su objetivo, para luego justificar el saqueo y el pillaje bajo la farsa  de la ayuda humanitaria y así, mantener su hegemonía.    

Estados Unidos está creando una internacional de la desestabilización en todo el planeta tierra. Ahora les tocó el turno a Maduro, a Lula y a Dilma, a Correa, a Evo.    

En Venezuela arrecia la guerra económica, contra nuestro petróleo y la violencia criminal (financiada y armada por la derecha), que asfixia al pueblo para que éste, en su desespero, demande orden, mano dura, “cambio”  burgués, abundancia de marcas (de productos innecesarios) y la paz de la clase dominante. Son crisis fabricadas y elaboradas calculadamente. La derecha reaccionaria y fascista se apoderó -de la colina- de la Asamblea Nacional. Los ataques sistemáticos y cotidianos dificultan el avance de la obra revolucionaria.  

En Argentina, Rafael Videla reencarnó en Mauricio Macri,  que actualmente derrumba la obra llevada a cabo por los Kirchner, luego del desastre menemista.

En Bolivia, el espíritu de nuestros ancestros indígenas renace y recupera el esplendor y el sentido guerrero de Túpac Katari y de Guaicaipuro, que han vuelto hecho millones. Pero la reacción no ha permitido que Evo “el Aymara” sea reelegido como presidente. 

En Ecuador, la clase media reaccionaria copia el modelo guarimbero venezolano y desata la violencia en Quito, mientras los medios de comunicación privados destrozan la imagen del presidente Correa y atacan a la Revolución Ciudadana. 

Cuba ha sido visitada por el lobo, disfrazado de Caperucita, pero nada de desmantelar el bloqueo ni la base de Guantánamo. Sin embargo, allí no se ha permitido la presencia de los medios de manipulación social, por lo que la obra de desestabilización les ha costado más, pero que nunca han dejado de agredir a esa isla de la dignidad.      

En Brasil, una maniobra judicial intenta derrocar a la presidenta Dilma Roussef e inhabilitar al presidente Lula para su postulación a la reelección presidencial. Intentan una confrontación entre los poderes judicial y ejecutivo. Las agresiones no han tenido límites: detuvieron arbitrariamente a Lula; el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) le retiró su apoyo al gobierno y los seis ministros de este partido, renuncian al gabinete.  Esa ruptura posibilita que Dilma Rousseff pudiese ser sometida a juicio político en poco tiempo. Esa maniobra pretende un juicio -previamente preparado- del Congreso, para ocupar el poder, imponiendo a Michel Temer (actual vicepresidente y miembro del partido derechista PMDB), sin ningún tipo de consulta al pueblo, sin elecciones, ni referéndum revocatorio.

La derecha brasilera, que tiene fuerza y capacidad de convocatoria, presiona para acabar con esa experiencia política que ha sacado de la pobreza a más de 40 millones de seres de la República Federativa del Brasil. Este gigante es la séptima economía del mundo, posee un importante liderazgo regional; es un abanderado del MERCOSUR;  en sus 5 millones de kilómetros cuadrados habita la mayor riqueza en biodiversidad del mundo, sin contar con sus significativas reservas de  hidrocarburos; pertenece al bloque de los BRICS, que emerge frente a la economía del dólar.  José Ignacio Abreu E Lima -el General de las masas-  y Chico Méndez están a la espera por si hay que colocarse de nuevo al frente: “Hay que atreverse a luchar y atreverse a vencer”. 
 
Si de juicios se trata, que se realice un juicio, primeramente, al sistema capitalista y a la corrupción como mecanismo inherente al mismo. En segundo lugar, de haber un juicio, este debería ser llevado a cabo por el propio pueblo y no por  políticos tramposos y corruptos.    

Dilma es la presidenta elegida –legítimamente- por el pueblo. Por tanto esa es la única manera en que podría –dada la actual circunstancia- dejar la presidencia. No es posible ninguna salida que no implique una consulta a la población, para luego realizar una nueva elección.    

Finalmente, el futuro y destino de las Revoluciones en América Latina  dependen de la capacidad de lucha de nuestros pueblos. Ya lo dijo el presidente Chávez: Unidad, Lucha, Batalla y Victoria; por lo que se hace imprescindible continuar avanzando e impulsando la integración latinoamericana.
Porque “a pesar de usted –señor imperio-, mañana ha de ser otro día”.   

(*) Parafraseando al Manifiesto Comunista. 

 Mg. Fernando Pérez

21 feb. 2016

DE JÓVENES CHAVISTAS, SÍMBOLOS Y NACHOS




Venezuela atraviesa un momento extremadamente difícil, que nos convoca a sentipensar y actuar en consecuencia. Mientras más nos damos cuenta de eso, mayor tiene que ser el compromiso que nos motiva a transformar esa realidad y luchar por esa razón.

Justamente en el Día de la Juventud, el cantante Nacho, radicado en Miami, dio un discurso en la Asamblea Nacional como representante juvenil. Eso nos hace preguntarnos por qué lo llevaron a él para dirigir unas palabras a sus jóvenes. Si la idea fuese hablar a partir de lo que la juventud está viviendo actualmente, el invitado debería ser alguien que no estuviera influenciado de manera tan profunda por los dólares: él no es una referencia de alguien que pase por las penurias tan crudamente como cualquier joven venezolano a diario.

No tenemos nada personal contra Nacho. Pero ¿Qué simboliza él en ese contexto? ¿Qué ideal de juventud y cuál proyecto de país?

Es evidente que la referencia que tenemos de bienestar es poder viajar y gastar y gastar, querer vivir en un país que no hemos construido. La lógica rentista nos remite a usar el dinero proveniente del petróleo, a importar más de lo que producimos, a que lo que se gasta en el país no tenga una necesaria relación con lo que se gana, o a que produzcamos para la industria cultural y aprendamos a admirar el estilo de vida representado por los artistas comerciales de Miami.

Podemos pensar en el "mayamerismo" como una enfermedad que afectó profundamente y sigue afectando a la clase media venezolana. No sólo a ellos, porque unos cuantos que han llegado al poder también se han dejado enviciar por eso. Miami es el "american dream" del culto al consumismo, de la colonialidad de nuestros deseos, como decía Aníbal Quijano; tal vez es aquella "ciudad de plástico, de esas que no quiero ver/de edificios cancerosos y un corazón de oropel/donde en vez de un sol amanece un dólar/donde nadie ríe, donde nadie llora/con gente de rostros de poliéster/que escuchan sin oír y miran sin ver/gente que vendió por comodidad/su razón de ser y su libertad" (como dijo Rubén Blades en sus buenos tiempos).
Conocemos a personas cercanas que fueron allá y hoy están corroídos por el resentimiento de no poder volver y de sentir que pueden volver a "caer en el abismo de la pobreza y miseria" del cual salieron sus padres.

Es simbólico que se haya elegido a Nacho, un símbolo del mayamerismo, como representante de la juventud venezolana en el día de la Batalla de La Victoria. Y en el día lamentable de "La Salida". El mensaje es claro: dedíquense al dinero individualmente, independientemente de los valores que transmitan. Ganen plata y vendan por comodidad su razón de ser y su libertad. Si después sale el lado asesino a reivindicar el “Mayami nuestro” a través de guarimbas u otras formas de violencia, cierren los ojos de forma cómplice. Sueñen con el consumismo sin pensar críticamente en el modelo que lo genera para unos pocos, de forma cada vez más desigual.

Claro que Nacho no dijo todo esto. Es un joven haciendo plata y viviendo su vida. Procuró ayudar al país con su discurso y es tan venezolano como cualquiera. Como quien añora Miami. O quien nunca pensó en ir. Como quien vive afuera. O quien no nació en nuestro país, pero trabaja por él. La pregunta es: ¿qué tenemos por principio?
La juventud venezolana y la juventud mundial tienen un reto extremadamente duro. Dejar atrás viejos vicios que aunque pareciera que en algún momento los superamos vuelven a surgir y son aún más difíciles de sortear. Abrir espacios para darle frescura juvenil a nuestra Revolución. Pero al mismo tiempo, la juventud chavista tiene una dirección hacia donde ir en su lucha de todos los días: el mundo pluripolar, la integración latinoamericana, todo el poder para el pueblo, el Estado Comunal, comuna o nada.
Tenemos los principios. Duro es rehacerlos en lo concreto de forma coherente y rectificar todo lo que sea necesario. Sólo que no tenemos otra realidad. Nos tocó vivir ésta y es la que debemos superar juntos con mucho trabajo, con esperanza, aunque cada mañana nos confrontemos entre seguir luchando o rendirnos por lo empinado que es el camino a enfrentar. Es difícil. Pero no es imposible.

La crisis nos convoca a recordar a José Félix Ribas y su ejército de soldados, jóvenes y sin preparación para la lucha, que lograron vencer a Boves y los realistas a pesar de que éstos los quintuplicaban en número y experiencia. La consigna fue clara en ese momento y lo es ahora. No podemos optar entre vencer o morir: necesario es vencer.

El reflejo genuino de la relevancia del Legado de Chávez brota de esta juventud que enfrenta con valentía y responsabilidad el compromiso de levantar en hombros el Proyecto Bolivariano, entendiendo que no somos una especie de legión santa de salvadores, sino que asumiendo nuestras limitaciones y errores nos arrojamos juntos todos los días a una persistente y dura lucha por cambiar el paradigma que rige en esta sociedad de consumo e individualismo.

Freddy Ramírez – patriaurgente.com 
Alejandra León – Psicóloga Social