7 ago. 2015

BOLÍVAR Y SUCRE: DOS HOMBRES –Y SU MORAL- QUE CAMBIARON LA HISTORIA





(SUCRE se siente subestimado por Bolívar / BOLÍVAR se coloca bajo su mando)
Apuntes desde la obra de Gustavo Pereira: Simón Bolívar: Escritos Anticolonialistas (*)

“Bajo tales designios, Sucre es enviado a despachar a los cuarteles “lo que había atrás del ejército”: heridos, artículos militares, desamparados, y en suma organizar las fuerzas de retaguardia. La misión, sin embargo, es tomada por el joven general como un pretexto para separarlo del mando del ejército, por lo que escribe a Bolívar, el 27 de agosto” (1824):
“Creo mi general, que Vd. convendrá en que un hombre que carezca de la delicadeza necesaria para servir su destino, no debe obtenerlo y menos vivir en la sociedad que guían el honor y la gloria. Yo he sido separado del mando del ejército para ejecutar una comisión que en cualquier parte se confía cuando más a un ayudante general, y enviado a retaguardia al tiempo en que se marchaba sobre el enemigo; por consiguiente se me ha dado públicamente el testimonio de un concepto de incapaz en las operaciones activas, y se ha autorizado a mis compañeros para reputarme como un imbécil, o como un inútil.
“Pienso, señor, que al usar este lenguaje no se me acusará de orgulloso ni aspirador. Habiendo rehusado de todo mi corazón el primer rango del Perú que obtuve una vez por la representación nacional, parece que poseo un derecho a exigir de mis compatriotas que me crean con sólo el deseo de un poco de estimación pública; pero este desprendimiento de los destinos, ni me aleja de los miramientos que debo a mi actual empleo, ni me autoriza para prostituirle su dignidad. p. 235.
 “Es cierto que he consentido en la aceptación de un título vano, y que me he dejado llamar general en jefe del ejército unido con un ejercicio vago e informal; pero ni he pasado sin conocerlo, ni de saber la crítica de los jefes a mi insulsa representación: la continué no obstante por complacer a Vd. y por servir al ejército sin someterme nunca a la presunción del título. Sucede de algunas distracciones que de un mal se va a otro, y yo he visto con dolor que sufriendo varios pequeños golpes (y tal vez algunos no pequeños) se me ha dado el más fuerte que jamás preví, de reducirme ante el ejército unido al ridículo papel de conducir enfermos de retaguardia”. pág. 236.-

Bolívar le responde el 4 de septiembre:
“Contesto la carta que ha traído Escalona con una expresión de Rousseau cuando el amante de Julia sé quejaba de ultrajes que le hacía por el dinero que ésta le mandaba: ‘ésta es la sola cosa que Vd. ha hecho en su vida sin talento’. Creo que a Vd. le ha faltado completamente el juicio cuando Vd. ha pensado que yo he podido ofenderle. Estoy lleno de dolor por el dolor de Vd., pero no tengo el menor sentimiento por haberle ofendido. La comisión que he dado a Vd. la quería yo llenar; pensando que Vd. la haría mejor que yo, por su inmensa actividad, se la conferí a Vd. más bien como una prueba de preferencia que de humillación. Vd. sabe que yo no sé mentir, y también sabe Vd. que la elevación de mi alma no se degrada jamás al fingimiento: así debe Vd. creerme. Antes de ayer, sin saber nada, nada de tal sentimiento, dije al general Santa Cruz que nos quedaríamos aquí para dirigir esa misma retaguardia, cuya conducción deshonra a Vd., y que Vd. iría adelante con el ejército hasta las inmediaciones o del Cuzco, o de Arequipa, según la dirección de los enemigos: y en todo esto, yo no veía ni veo más que el servicio, porque la gloria, el honor, el talento, la delicadeza, todo se reúne en el solo punto del triunfo de Colombia, de su ejército y la libertad de América.
“(...) Esas delicadezas, esas hablillas de las gentes comunes, son indignas de Vd.: la gloria está en ser grande y en ser útil. Yo jamás he reparado en miserias, y he creído siempre que lo que no es indigno de mí tampoco lo era de Vd.
“Diré a Vd., por último, que estoy tan cierto de la elección que Vd. mismo hará, entre venirse a su destino, o irse a Colombia, que no vacilo en dejar a Vd. la libertad de elegir. Si Vd. se va no corresponde Vd. a la idea que yo tengo formada de su corazón. {Pero…….}
“Si Vd. quiere venir a ponerse a la cabeza del ejército, yo me iré atrás, y Vd. marchará adelante para que todo el mundo vea que el destino que he dado a Vd. no lo desprecio para mí. Esta es mi respuesta”.

“Ambas cartas descubren dos caracteres irreductibles en punto a honor o dignidad: Sucre, al sentirse injustamente relegado; Bolívar, suponiéndose mal interpretado. Pero en las palabras de Sucre subyace una concepción del mundo ajena a todo doblez, vanagloria o ambición redituable. Como a Bolívar, a él le mueven otras razones. Pág”. 237.
“Junín abre las compuertas de una nueva realidad en el continente. Ahora más que nunca se acerca la hora de echar las bases de la anhelada unidad de las naciones liberadas del colonialismo español. Desde Bogotá, sin embargo, se maquinan otros propósitos. El 24 de octubre recibe el Libertador, en Huancayo, un correo en el que se le notifica que el congreso colombiano había derogado en fecha 9 de julio la ley del 9 de octubre de 1821 en la que se le concedían facultades extraordinarias en cualquier escenario de la guerra contra los realistas. “La posición constitucional de Bolívar no era usual —anota Gerhard Masur— pues era al mismo tiempo Presidente de Colombia y dictador del Perú. En octubre de 1821 un acta habilitante le concedió el mando de las fuerzas colombianas, y en virtud de su cargo de dictador del Perú estaba asimismo a la cabeza del ejército peruano. El parlamento colombiano revocó entonces su decisión y rescindió las facultades de Bolívar en el momento en que más las necesitaba”. P. 237.
“Sucre queda, pues —bajo protesta por la decisión de Bogotá— al mando de las fuerzas de la sierra mientras Bolívar hace cuánto puede para que la decisión del Congreso colombiano no desmoralice a la tropa. El mes de noviembre transcurre entre escaramuzas y marchas de ambos ejércitos. Finalmente, el 9 de diciembre de 1824, en la alta meseta de Ayacucho, al pie del Cundurcunca, se da la batalla decisiva y Sucre derrota y hace capitular a los realistas. Ese mismo día escribe al Libertador”:
“El campo de batalla ha decidido por fin que el Perú corresponde a los hijos de la gloria. Seis mil bravos del ejército libertador han destruido en Ayacucho los nueve mil soldados realistas que oprimían esta república; los restos del poder español en América han expirado el 9 de diciembre en este campo afortunado...”. Y al día siguiente, luego de enunciarle las recompensas otorgadas a oficiales y soldados en el campo de batalla: “(...) Por premio para mí pido que Vd. me conserve su amistad”. pág. 238
Luego de las anteriores citas en extenso, valen la siguiente consideración: ¿Por qué Sucre se sintió subestimado frente a la orden - instrucción de Bolívar de enviarlo a la retaguardia?
Veamos; El Libertador en carta a Santander del 09 de febrero de 1825, hace una descripción de sí mismo, de Sucre y del propio Santander de la siguiente manera: “Yo soy el hombre de las dificultades; Ud es el hombre de las leyes y Sucre el hombre de la guerra”. Mejor descripción, imposible. Bolívar era un perfecto conocedor de la personalidad de quienes tocó conducir y mandar, de la psicología del soldado o combatiente, así como de sus adversarios y de la psicología de la guerra (en el entendido que el tratado del “Arte de la Guerra” de Sun Ztu no llegaría a occidente sino más de un siglo después).
Además cabe asegurar que el Mariscal Sucre no era persona narcisista, de ego inflado o de estarse vanagloriando de sus logros. Nunca leeremos un escrito de la misma autoría de Sucre, vociferando y presumiendo  de sus hazañas y méritos. Al contrario, era el hombre más circunspecto que conocemos, a tal punto que sólo reclama para sí, la amistad de Bolívar, luego de reconocer los logros de los patriotas en el Perú y condecorar a los de destacada actuación en Ayacucho. No demanda reconocimiento, rangos ni prebendas para sí, tan sólo el respeto y el afecto del más grande hombre de América, El Libertador, su jefe, su general, su amigo del alma.
Sucre lo que reclamaba era estar al frente del combate, junto a sus soldados, dando el ejemplo, en la historia; cumpliéndose a sí mismo y a su propósito en la vida, cual era, la libertad de América y una Patria Grande digna y virtuosa. Por eso quería estar en el primer frente de guerra, para acabar con la dominación.
Y aun así, aceptó –y cumplió- con la orden de Bolívar de encargarse de la retaguardia. Papel que, -dicho sea de paso- asumiría luego El Libertador.
Finalmente cabe el siguiente comentario. Como venezolanos, latinoamericanos, como patriotas bolivarianos y chavistas, nos consta  que existen, en los tiempos presentes, personajes militares que son malinches, corruptos, traidores, la vergüenza e indignos de portar el uniforme militar, valga como ejemplos: el ex gobernador del estado  Aragua y actual confidente de Washington Rafael Issea y el ex general Manuel Antonio Rosendo (uno de los secuestradores de Chávez); pero también nos consta que existen verdaderos hijos de Bolívar y dignos herederos de la gesta independentista y del ejército Libertador como el Comandante Hugo Chávez, el Cacique del pueblo Yukpa Sabino Romero, el padre Camilo Torres Restrepo, el Presidente Aimara  boliviano Evo Morales y millones de héroes y heroínas anónimos (as) que (as) hemos vuelto hechos millardos.
Bolívar y Chávez no araron en el mar, sembraron la patria que estamos construyendo hoy.      

Mg. Fernando Pérez
Tomado de: Gustavo Pereira. (2005). Simón Bolívar: Escritos Anticolonialistas. Caracas. Edic. Min. Estado para la Cultura – CONAC.

20 jul. 2015

ALGUNAS CONSIDERACIONES EN TORNO A LA CONFERENCIA DE DANIEL ESTULÍN SOBRE VENEZUELA Y EL MUNDO (*)



  • Estamos al borde de una guerra termonuclear, que pudiese comenzar con una agresión a Irán por parte de Israel, apoyado por EEUU.
  • Esa pesadilla está más cerca que nunca. Lo impensable puede ocurrir, en una espiral destructiva, que es una verdadera amenaza a la existencia de la humanidad.
  • La geopolítica está condicionando la toma de decisiones político-económicas (comparable al movimiento de placas tectónicas –terremoto- en dichos ámbitos).
  • La intención es crear el caos y anarquía mundial para que sea deseado un gobierno fuerte  que ponga orden en el desconcierto, incertidumbre y la violencia generalizada.
  • Esta civilización del desorden y la prosperidad de la pobreza está planificada: se pretende con ello, crear un nuevo orden mundial (que ya existe: ONU, FMI, BM, OMS, OTAN, OMC).
  • El imperio y las transnacionales no van a acabar con las armas ni con las drogas ni la violencia, ni la violación de los DDHH ni con el expansionismo. Es una inmoralidad económica, pero esos son sus sustentos y nutrientes. Se vocifera la lucha contra esos flagelos pero se hace lo diametralmente opuesto.
  • El imperio promueve la guerra,  la competencia, el consumismo y la producción a costa deladestrucción de la vida. Nosotros debemos instaurar la producción  racional y con profundo respeto y amor por la naturaleza, así como la paz para conquistar la supervivencia, el buen vivir y la felicidad de todos.

¿Qué significa Venezuela, para el poder imperial y para la humanidad esperanzada?

Según el experto petrolero Carlos Mendoza Potellá, hay conflictos donde hay recursos. Venezuela fue, es y será un botín (por las buenas o por las malas) debido a sus riquezas.
  • La guerra y la falsa lucha contra el terrorismo (engendrado, financiado y sostenido por EEUU), las drogas, las armas, y la violación de los derechos humanos, son la preparación para acabar con el modelo de Estado – Nación y la instauración de un nuevo orden mundial, fundamentado en un poder férreo, único y mundial. Latinoamérica se está uniendo en un bloque (siguiendo el ejemplo que Caracas dio), representando una amenaza inusual y extraordinaria para el gran capital, por tanto, hay que arrodillar a Venezuela.
  • Las actuales guerras y agresiones -de distinta índole- que han resultado exitosas en otros lugares (Yugoslavia, Polonia, Irak, Egipto, Ucrania, Libia, Siria) fracasaron en Venezuela, luego en Bolivia y Ecuador ¿Por qué?
  • Lo que afecta al mundo nos afecta y lo que hagamos, tiene repercusión mundial. No debemos tener mirada localista y preocuparnos solamente por nuestros asuntos particulares (aunque pasa por la defensa de nuestra revolución y gobierno). Tengamos visión y pensamiento Bolivariano y Chavista, es decir, pensar en lo total, en la humanidad y en lo planetario.
Pero hay esperanzas…

  1. Tan solo tenemos que actuar por el bien de la humanidad. Venezuela es la esperanza del mundo.
  2. Venezuela representa una mezcla peligrosa (para el mundo moderno y el poder actual) y esperanzadora (para los pueblos del mundo y los sueños libertarios). Esa mezcla está compuesta por: a) un proceso auténticamente revolucionario, b) un gobierno a favor de las mayorías, orientado por la doctrina del Libertador Simón Bolívar (igualdad, libertad, educación, justicia y felicidad) y en la praxis de Chávez (con su capacidad amatoria hacia los pobres), y c) Recursos naturales y minerales que potencian el desarrollo nacional así como la integración latinoamericana y caribeña. 
  3. Lo que hay que hacer es revivir el sueño integracionista de la Patria Grande de Bolívar para el equilibrio mundial.
  4. La única razón que mueve a los grandes, es que es difícil …, esa es la única razón. 
  5. Podemos –nosotros- cambiar el destino de la humanidad.  
  6. Cuál es la obligación moral de nuestra generación? Asegurar la supervivencia digna y en libertad, de las generaciones por venir, y eso pasa por que tengamos que resistir e insurgir contra el modelo del capital; con Bolívar y Chávez como guías.
Chávez se comunicaba con el mundo a través de la piel, los oídos, los ojos Y CON EL ALMA.
Chávez vivió, reflexionó, investigó, comunicó E HIZO.
Chávez construyó el mañana en el presente, SEMBRANDO AYER, el hoy y EL MAÑANA.
Chávez pensó e hizo en términos de humanidad, con patrón continental y planetario (comenzando por Venezuela), porque para Chávez LA PATRIA ES AMÉRICA Y LA HUMANIDAD TODA, como lo definieran Bolívar y Martí.


Fernando Pérez

(*) Conferencia realizada en la Asamblea Nacional el 16/07/2015
   

3 jul. 2015

REVOLUCIÓN BOLIVARIANA VS DROGAS





“El Libertador no fuma ni permite que se fume en su presencia: no toma polvo [tabaco rallado], y nunca hace uso de aguardiente u otros licores fuertes. En el almuerzo no toma vino, ni tampoco se pone en su mesa dicha bebida, a menos de un caso extraordinario”.
Perú De Lacroix

“Es el pueblo ahí en el barrio, en la comunidad, en el círculo. Una de las batallas más grandes que tenemos que dar, en esos círculos de lucha por el Vivir Bien, es contra la delincuencia, contra las drogas. (…) Entonces ustedes detecten donde están esos muchachitos que ya comenzaron a consumir drogas, (…) alcohol (…) Vengan con Chávez, para que se conviertan en Bienandros, (…) Les cambio esa mala vida, por la buena vida, para que vivan, haciéndole el bien, primero a ellos mismos, y segundo a la comunidad”.
Alocución del Presidente  Chávez el 08/10/2011 en Miraflores

Dos Libertadores que, cada uno en su momento, nos hablaron respecto al consumo de sustancias -como factores de la cultura de la dominación- que afectan y deforman la moral, la dignidad y la vida de las personas y las naciones. Bolívar frente a la monarquía y Chávez contra el sistema capitalista.

Es que el capitalismo odia la vida, la felicidad, la salud, la solidaridad, la naturaleza. Promueve la producción, venta y consumo de drogas y de armas; prefiere la enfermedad, la muerte, el odio, el egoísmo, la competencia, el dinero y el poder. Ha mercantilizado los vínculos, fracturando las relaciones y los afectos por medio de la competencia, ha generado falsas ilusiones y nos ha convertido en personas esclavas de apetitos consumistas y hedonistas. La vida en el capitalismo nos empuja y obliga a las drogas, al alcohol y a una vida de apariencias para anestesiar el vacío existencial. Nos seduce a la viveza, a la trampa, al bachaqueo y a la delincuencia para sobrevivir.

El capitalismo genera sociedades -y por ende personas- deprimidas, enfermas, solas, aburridas, alcoholizadas, consumistas, gastivas, huérfanos, enajenados, extraños de sí mismos donde quiera que se paren. La vida en el capitalismo es una vida vacía, triste, aburrida, desamparada, sin horizonte y en constante guerra entre todos. Nos han convertido en seres temerosos, fragmentados de todo y de todos, aislados y empujados a ser depredadores de nosotros mismos, como clase y como especie. Es una vida empleada en sobrevivir y consumir, sin propósito, sin sentido, sin transcendencia.

El modelo del capital se nutre del individualismo, de la anarquía, del desacuerdo y del enfrentamiento social para engañarnos y vendernos todo tipo de drogas, armas, bagatelas y suntuosidades, con el fin de aislarnos, someternos, controlarnos y dominarnos. En el capitalismo predominan los verbos comprar, vender y tener, arrebatar y pedir, competir y sobrevivir, ganar y perder, empujar y matar, aparentar, dominar. Es que mientras exista capitalismo habrá, drogas, armas, violencia, machismo, dominación y cuanto mal social exista.

En un artículo de Alejandro Martínez Gallardo titulado: “La psicología de las adicciones muestra que las drogas no son el problema de fondo”, sobre el libro de Johann Hari (*), respecto al verdadero origen de las adicciones, se plantea la siguiente conclusión: “Lo que causa las adicciones es la falta de conexiones humanas profundas y significativas”.

Ello se debe al aislamiento, a la sustracción del entorno y por ende, del establecimiento de relaciones afectivas auténticas, vitales, sustantivas; generando una existencia sin sentido. Mientras que por el contrario, un ambiente humano sano, nutritivo, respetuoso, estimulante, digno, solidario y cargado de afectos importantes, que acompañen a la promoción de la felicidad, impiden el comienzo de adicciones.

Este artículo deviene de un juicio que comparto plenamente: Es el modelo social, -que genera pobreza, miseria y desgracias humanas-, contra lo que hay que luchar; pero, evidentemente, ello implica adversar al sistema y a quienes detentan el poder y el capital; por tanto, se ha desviado la atención a la lucha contra las drogas y no contra el modelo que las genera y las convirtió en mercancía.

Por contrapartida, la Revolución Bolivariana promueve el desarrollo de la capacidad amatoria, extendiendo los afectos hacia la humanidad toda, tal y como lo señalaran en su momento Bolívar y Martí. Corresponde generar la esperanza activa de amor por la vida, para contribuir a la felicidad social de toda la humanidad. La revolución está obligada a la integración de todo lo fragmentado por el capitalismo, para lograr la salud mental social de los venezolanos y convertir las adicciones, en un mal recuerdo, en una pesadilla superada.

Por ello, cada revolucionario tiene que combatir, a diario, la cultura de la dominación que habita en cada uno de nosotros para lograr superarnos, revolucionar y evolucionar; para poder asumir la responsabilidad del combate contra un enemigo considerablemente superior, pero de una moral infinitamente inferior.

La revolución debe generar (tal y como lo lleva a cabo con los diferentes planes sociales y misiones) la satisfacción de las necesidades materiales, pero fundamentadas en aspiraciones y motivos espirituales, humanistas, superiores, y para ello se soporta en la premisa Gramsciana de combatir y acabar con viejos valores y esquemas, para proponer, sembrar y desarrollar los nuevos valores y la nueva sociedad necesaria que soñaron Cristo, Bolívar, Rodríguez y Chávez, por el derecho a existir con dignidad, en libertad y felices. Nuestro ideal social está proponiendo el amor entre los hombres y la naturaleza, para dar contenido, sentido y propósito a la vida de los venezolanos y americanos del continente.

El Socialismo Bolivariano está creando un horizonte histórico donde se resuelve la contradicción entre lo personal y lo social, proponiendo un proyecto de vida vinculado a un proyecto de país: Comunas – Plan de la Patria – Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. No lo hemos logrado, es cierto, pero ese es nuestro desafío. Hombres y mujeres históricos, concientes de su pasado y responsables de lo por venir.

La revolución genera la creación de salud, previniendo la fragmentación, la enfermedad, la soledad y la infelicidad, promoviendo la vida para la felicidad, que implica, evitar lo banal, el caos, generando integración, sembrando alegría y el amar como estrategia para alejarnos de las drogas y vivir con dignidad y a plenitud.

Finalmente, cabe concluir que, en las familias donde prevalece la alegría, la paz, el respeto, el trabajo y el estudio, la tolerancia, el apoyo mutuo y propósitos compartidos, difícilmente hay miembros con problemas de drogas y delincuencia. Por tanto, quien no quiera a sus hijos y allegados, drogados o delinquiendo, debe procurar un hogar respetuoso, virtuoso, feliz; una comunidad participativa y organizada, así como una patria digna, bolivariana y socialista.


Mg. Fernando Pérez
Psicólogo Clínico

(*) Persiguiendo el grito: Los primeros y últimos días de la guerra contra las drogas. 
En: http://chasingthescream.com

CUANDO EL ODIO SE CONVIERTE EN FILOSOFÍA





¡Así cueste la muerte de miles de venezolanos, seguiremos luchando por una Venezuela de progreso y bienestar!
Lilian Tintori

Cuando el Comandante Chávez propuso en enero de 2007 la consigna “Patria, socialismo o muerte”, hacía un uso más que luminoso del castellano para establecer mediante una clara metáfora la diferencia entre la vida que propone a los hombres y mujeres de la patria el modelo profundamente humanista del socialismo bolivariano, y la desastrosa opción de la propuesta neoliberal que le presenta la derecha al país, que conduce de manera indefectible a la degradación de la vida toda de la sociedad y en definitiva a la muerte, mediante el flagelo de la exclusión y la miseria.

La derecha, neófita como es en asuntos del buen hablar (porque su preocupación se centra exclusivamente en la materialista aritmética del dinero), no sólo no supo leer correctamente el carácter enunciativo de ese lema sino que no comprendió jamás su contenido emancipador y propositivo. La alternativa era clara; optábamos por la vida o nos arrollaría la muerte de manera inexorable. Pero la oposición leyó que el Comandante hacía una exaltación del término, al que supuestamente colocaba como un valor inherente al proyecto. En un blog opositor (anónimo como suelen ser sus tribunas de aguerrida cobardía) se resume casi con precisión bíblica la idea que esa obtusa derecha captó del mensaje: « “O Muerte”. ¿La de quién? ¿la de nosotros los pitiyankees escuálidos fascistas oligarcas? ¿es posible. Pero en realidad creen que nosotros vamos a hacer fila para que nos metan en un horno y nos tuesten? ¿No han considerado que tal vez, dentro de esa aseveración de “muerte” también están incluidos sus hijos, hermanos, papás? (…) Yo les aseguro algo, ellos podrán ser “malandros”, “matones” y demás criminales, pero esos carajos no están listos para morir por Chávez. Esos carajos no están listos para que les maten un hijo en nombre de la revolución. Porque esos carajos no tienen ideales. »

A la larga, frente a la terca estupidez opositora y obligado por la dolorosa circunstancia de su enfermedad, el líder de la revolución chavista recomendó en julio de 2011 modificar la consigna para evolucionarla a una expresión más acorde con el mensaje de fe y de esperanza que correspondía en ese momento en virtud de sus problemas de salud. Fue así como propuso entonces la frase “Aquí no habrá muerte, tenemos que vivir y tenemos que vencer, por eso propongo otros lemas: Patria, socialista y victoria, ¡viviremos y venceremos!”

La propuesta del socialismo bolivariano ha sido pues desde siempre por la vida.

El primer plan socialista de la nación, el llamado Plan Simón Bolívar, consagra en su capítulo primero “la nueva ética socialista”, consistente en: “…una ética exclusiva de una sociedad pluralista que asume como propios un conjunto de valores y principios que pueden y deben ser universalizables porque desarrollan y ponen en marcha la fuerza humanizadora que va a convertir a los hombres en personas y ciudadanos justos, solidarios y felices. Todos los venezolanos están llamados a ser protagonistas en la construcción de una sociedad más humana. Esto nos lo dice el preámbulo de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica, pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común…”

En ese mismo sentido se recoge el espíritu humanista del socialismo bolivariano en el Plan de la Patria, segundo plan socialista de la nación, así como en todos y cada uno de los documentos que el intenso debate ideológico que la revolución ha adelantado. Sin contar las miles de horas de transmisión usadas por el Comandante Eterno en sus comparecencias públicas, así como la inmensa cantidad de tiempo que el presidente Nicolás Maduro le ha dedicado a ese tema en sus primeros dos años de gobierno.

Pero la oposición, en particular el opositor de a pie, a medida que el discurso revolucionario profundiza su acento en la necesidad de la paz y de la tolerancia como única opción para asegurar efectivamente la estabilidad democrática del país, radicaliza cada vez más su desprecio hacia el que considera su contrario político, determinado arbitrariamente por él básicamente a partir de su condición de clase.

Más allá del lamentable uso del lenguaje profusamente escatológico al que recurre el opositor promedio para referirse al chavismo y a todo lo que con ello tenga que ver, o a la insustancialidad o vaciedad ideológica que por lo general expresa, la invariable constante de su argumentación es el odio, ya no como una patología sicológica sino como un constructo de tipo ideológico.

De acuerdo con la sicología, el odio es un sentimiento “profundo y duradero, intensa expresión de animosidad, ira y hostilidad hacia una persona, grupo u objeto”, considerado más una conducta aprendida que una respuesta eventual en virtud de su prolongación en el tiempo.

Freud habla incluso de “un estado del yo que busca destruir la fuente de su infelicidad”, con lo cual lo coloca en una condición reactiva, que procura deshacerse de aquello a lo que le tiene rabia una persona, ya sea por una causa o por otra. De ahí que cuando se trate de una cantidad de individuos que odian a un mismo objeto, persona o grupo, podría decirse que el odio sirve para reafirmar el sentido de pertenencia a esa causa, esa ideología, o hasta esa filosofía para destruir entre todos a la persona o grupo que se odia en conjunto, como es perfectamente evidente en la conducta común del antichavismo.

La falta de una ideología propia que referencie el discurso opositor, más allá de la constante e insustancial acusación contra el chavismo, es el caldo de cultivo para la proliferación de sentimientos irracionales de reacción que invaden el alma del militante opositor, basados fundamentalmente en el odio y el deseo de muerte hacia el chavista, porque desde la lógica del capitalismo el odio es el generador de la violencia que requiere el modelo dominante para su perpetuación.

El “crimen de odio”, como se le conoce a esa violencia contra las personas por su raza, credo religioso, tendencia política o de clase, entre otros, ha sido desde tiempos inmemoriales un aspecto de difícil solución en las sociedades regidas por el imperio de las Leyes, cuyo deber es velar principalmente por la preservación de la integridad de las personas y de los bienes y no de las áreas difusas de los intereses grupales de naturaleza ideológica. El régimen nazi, por ejemplo, pudo ser juzgado no por sus ideas de segregación racial, sino por los crímenes que en nombre de ellas cometió.

Penalizar el odio es un arma de doble filo para un establishment que cada día ve más en riesgo su sostenibilidad, tal como sucede hoy en los Estados Unidos donde las Leyes contra los crímenes de odio (como la Ley para la Prevención de Crímenes de Odio Shepard y Bird) aun cuando están vigentes desde hace más de veinte años, no son usadas en ninguno de los crímenes raciales que a diarios se cometen en esa nación. Penalizar el odio sería atentar contra el modelo hegemónico que de él depende.

La alarmante profusión de asesinatos de líderes revolucionarios, escoltas de figuras prominentes de la revolución, de funcionarios de la Fuerza Armada Bolivariana, tanto activos como en retiro, así como de hombres y mujeres del pueblo que son sorprendidos por ráfagas absurdas de balas sin sentido, da cuenta de la progresión de una forma de hacer política nunca antes vista en el país, que alcanza ya visos de cultura de la muerte como recurso de quienes pretenden el poder a la fuerza sin el más mínimo respeto por la vida de ese mismo ser humano al que le piden su apoyo electoral.

Para la oposición, pedir la muerte de los venezolanos para satisfacer sus desquiciados proyectos de reinstauración del neoliberalismo en el país, no es ya una propuesta criminal sino una frívola declaración de fe que en el lenguaje de la publicidad, vendría a ser algo así como aquel “Como si nada” de los champús de las pelo lindo.

El odio es así no solo una forma de repudio expresado por una clase arrogante y testaruda contra el pueblo, sino una peligrosa filosofía de la degradación humana, asociada al capitalismo y a su sistemático desprecio por la vida.


Alberto Aranguibel B.
@SoyAranguibel
HTTP://soyaranguibel.com

Publicado el 29 junio, 2015 en Correo del Orinoco