11 de dic. de 2014

¿OBNUBILADOS? ALERTA CON PONERNOS A MORDERNOS LA COLA


El imperio no duerme…nos droga a diario para que perdamos los sentidos: me impresiona como a nuestro pueblo- a nosotros mismos- nos han puesto a repetir todo lo negativo, lo incorrecto, las fallas, lo malo, las colas, el desabastecimiento, la inseguridad. La pendejada, lo que puede pasar…. Así es que nos están conduciendo, como marionetas, indefensos, desconcertados, sin reflexión profunda, quedándonos en la superficialidad sin ver la esencia.

Invoco en este instante a Guaicaipuro, a Urquía y a sus hijos en la hoguera, en el sacrificio para beber su hidalguía y su fuerza: los invoco para que ayuden a quitarnos la venda de los ojos, el candado en el corazón, para abrir el portón de los recuerdos de lo bueno, de la batalla diaria, de luchar hasta vencer, de la convicción de que no podemos volver atrás ¡ CARAJO! NO ESCUCHARÉ el pronóstico del terror y pido a mi pueblo un alto a la superficialidad! Esto va más allá de la ausencia del jabón para lavar, debemos resistir esta guerra, pero en especial esta batalla para rescatar la ética tanto en los sectores gubernamentales como en la base de nuestro pueblo: es fácil criticar al gobierno mientras mucha gente anda en el vacilón de trajinar, revender, viajar para obtener dólares y desangrar al país por decir poco…. Se trata de la convicción ideológica de nuestro derecho a ser independientes y soberanos, de continuar un Proyecto País, de no permitir que nos quedemos en la vanalidad, precisamente lo que veo y escucho a diario.

Lo ético moral está en la palestra a todos los niveles. Llamo a retomar en la práctica, con el modelaje de nuestra conducta valores como la honestidad, la solidaridad, la prevalencia del colectivo, la defensa de nuestros derechos más allá de lo económico: SE TRATA DE LA PATRIA, DEL PLANETA, DE LA VIDA, DEL AGUA, DEL SER. SE TRATA DE PRESERVAR EL LEGADO DE NUESTRO AMADO COMANDANTE HUGO CHAVEZ FRIAS, siempre presente…

En una escala, la que vemos en nuestro entorno, sobresale el proceso entrópico implacable, destructivo: pero nosotros al colocarnos por encima, unidos, optimistas, dispuestos a salir adelante y a triunfar, triunfar, triunfar como dijo Bolívar cuando estaba casi derrotado en las últimas batallas, estamos en el deber y el compromiso de frenar el velo de angustia y terror que está arropando a nuestro pueblo con el desconcierto. No podemos mordernos la cola: NO PODEMOS TRAICIONARNOS, NO PODEMOS ECHAR POR LA BORDA TANTO ESFUERZO, LA ESENCIA DE ESTA GUERRA ES LO QUE DEBEMOS DESTACAR, ASI COMO LAS ESTRATEGIAS PARA NO DEJARNOS VENCER: Chávez Vive sigamos la lucha!

Me niego a escuchar pendejadas rutinarias, chismes de la militancia, estupideces que tapan la realidad de esta lucha sin cuartel contra el principal enemigo: EL IMPERIALISMO Y SUS LACAYOS JUNTO A NUESTRAS CONFUSIONES! Llamo a no despreciar la sangre derramada que no ha sido en vano. Llamo a cerrar filas por todo lo que ha costado la lucha por ser libres y por el compromiso que tenemos con la Patria Grande: EL CAMINO ES DURO PERO ES EL CAMINO…                                                                                                       

 Lic. Obdulia Molina
Trabajadora social
Poeta, escritora. Comunista sin regreso.
Chavista más allá de la muerte física
Aporrea. 04/12/2014

5 de dic. de 2014

LA ORGANIZACION COMUNITARIA


La organización comunitaria ha sido tema de debate y de trabajo intenso  toda la vida, en la cuarta república  ya muchos de nuestros colegas trabajaban intensamente en esta área, el propio presidente Chávez no sólo los leía sino que comentaba e impulsaba al poder popular desde la comunidad,  partiendo de ella. En el 2010 Fernando Guliani declaraba en Últimas Noticias a propósito de ello, consideramos importante traer el tema a nuestro blog, ahora después de tantos logros sociales conquistados por la Revolución Bolivariana y los nuevos retos planteados en la actualidad. 

 

ULTIMAS NOTICIAS.

Fernando Giuliani, experto en organización comunitaria “Las organizaciones comunitarias le llevan una distancia considerable a las instituciones”


En lugar de radicalizarse en sus vínculos con las organizaciones comunitarias, las instituciones se han burocratizado aún más. Si a ello se agrega la falta de continuidad en la gestión pública, los cambios continuos de autoridades y equipos de trabajo, ¿cuál podría ser el resultado de esa ecuación? Por una parte ineficiencia y por la otra, una carga de frustración para la gente.
Pero esto no quiere decir, de acuerdo a Fernando Giuliani, psicólogo social y experto en organización comunitaria, que “no se ha hecho nada o lo que se ha hecho es todo malo”. Hace falta un balance para responder dos preguntas: ¿cuáles han sido los resultados? ¿y cómo se ha impactado? De lo contrario, ¿cómo se puede rectificar?
¿Para qué sirve la organización comunitaria?
El principio de organización es propio de cualquier sistema social y todo está organizado, desde la vida pública hasta la vida privada. Cuando llegas al entorno comunitario, el fin último de la organización es canalizar la participación en los asuntos públicos. Por supuesto, eso viene acompañado de la promoción de la ciudadanía: actuar en un marco de derecho y de responsabilidad. Pero eso requiere organización.
Los consejos comunales, por ejemplo, se organizan con la idea de participar en las políticas públicas, con la idea de que el Estado tenga un guión de lo que la gente necesita. ¿Las políticas públicas responden a las necesidades de las comunidades?
Este tema hay que ponerlo en perspectiva histórica. Es decir, analizar ¿cómo está hoy la organización comunitaria?, entendiendo dos cosas: 1) el contexto de exclusión histórico que tuvieron las comunidades, tanto en la ciudad como en el campo y 2) cuáles han sido las lecciones aprendidas y los hábitos adquiridos, buenos y malos, en todo este camino. En la década del 80 hubo un abandono, que yo calificó de salvaje, de la gente que vivía en condición de pobreza. Probablemente, esto hay que afinarlo mucho más, si se considera que tenemos unas condiciones de pobreza bastante largas. Ese es el telón de fondo donde se proyecta el grueso de la organización y la participación comunitaria. Creo que para la década del 80 no podíamos decir que el Estado lo estaba haciendo mal, porque simplemente hubo cosas que el Estado dejó de hacer. Más del 60% de la población, que son muchos millones, se quedó sin acceder a nada. La década del 90, en cambio, es de intermediación, particularmente en el segundo gobierno del ex presidente Caldera,  y eso se hizo a través de las organizaciones no gubernamentales.
También se dio el proceso de descentralización.
Claro, pero todo eso era como apagar un incendio a cuenta gotas. No estoy diciendo que eso haya sido negativo per se. Como todo, hay gente que lo hizo bien y gente que lo hizo muy mal. Pero no fue una solución realmente de fondo. La verdad es que en los planes de la Nación, los temas de la participación y la organización venían largamente tratados. Los que empiezan con esto, incluso, son los propios organismos multilaterales (Fondo Monetario Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros), los que empiezan a decir que no se puede salir de la pobreza sin la participación de la gente. Tampoco es un tema tan nuevo.
Los organismos multilaterales fueron demonizados por las políticas de exclusión, por promover un estado mínimo… ¿y ahora me dice que esos mismos organismos son los que rescataron la participación popular?
No, ¡ya va! ellos lo pusieron en el discurso, pero el concepto no era erradicar la pobreza, sino aliviarla. Ahí sí hay que ver el verdadero ropaje que había detrás de esto. Ideológicamente, esos organismos nunca tuvieron un propósito real de acabar con la pobreza, entre otras cosas, porque no se metieron con la estructura. Frente a los estallidos sociales, frente al malestar creciente de los pueblos, el remedio fue un pañito de agua tibia. Pero es que la misma gente, a su modo, empieza a enarbolar el tema de la participación y la organización. Yo recorrí el país en los 90 y no había sitio en el que no hubiera una organización de algo, de agua, de cultura, de educación alternativa, rasguñando como podía. Allí hay un formidable capital de experiencias y de organizaciones, incluso, bien lejos del Estado, porque no era el Estado, sino los partidos políticos.  
Hecho el balance a grandes rasgos. ¿Cree que la respuesta eran los comités de tierra, las mesas técnicas de agua y los consejos comunales? ¿El Estado era consciente de dónde veníamos y qué necesitábamos?
En este gobierno ha habido un avance fundamental en la organización y participación comunitaria. Hay un dato relevante: no hay un solo programa de inversión, en todas las instancias –municipales estadales o nacionales–, que no tenga un componente social. Ese mandado está hecho y costó trabajo, porque a lo social nadie miraba. Lo social era muy precario y había que insistir, infinidad de veces, en mirar a lo social, porque ni lo veían las instituciones públicas ni el resto de la sociedad. ¿Con qué se encuentra todo esto? Con unas instituciones que no están, digámoslo así, ni ideológica ni administrativamente, preparadas para trabajar en gestión compartida con la participación comunitaria y con una práctica clientelar y asistencialista que marcó lo popular. Es decir, había organizaciones comunitarias que convivían con grupos que se acostumbraron a la demanda, a buscar al político, a pedirle. Esa cultura no se va a cambiar de la noche a la mañana.
¿Es el punto de partida?
Es el escenario donde se monta toda esta direccionalidad hacia la organización y la participación, que por una parte es discursiva y por otra programática. Además, se crea un marco jurídico que la convierte en un hecho indiscutible.
Si las instituciones del Estado no están ideológica ni administrativamente preparadas para asumir la participación, si subyace además una cultura clientelar, ¿no se traduce ese en ineficiencia y en políticas públicas inconclusas que terminan decepcionando a la gente?
No podemos ver esto en blanco y negro. No es que aquí se quiso promover la participación y salió un mamarracho. Eso no es verdad. Aquí hubo una direccionalidad desde el Estado y eso es algo inédito. Nunca se había promovido la organización, de la manera en que se ha hecho. Hay un discurso, hay una visibilidad del contexto comunitario, que no se puede desconocer. ¿Qué ocurre? Tienes unas instituciones que en lugar de radicalizarse en sus vínculos con la organización comunitaria, se han burocratizado aún más. Me parece un elemento muy preocupante. Si aquí la gente se organiza y empieza a participar en serio, empieza a ser un diagnóstico de sus necesidades, pero resulta que las instituciones se enreden en su propia burocracia y no terminan de dar respuesta, el resultado de esa ecuación es algo que ya se advierte. Se comienza a acumular frustración.
El Estado creó las misiones como una manera de bypasear la burocracia institucional. Eso ocurrió en 2004, ¿no hay ninguna experiencia, no hay un saldo? ¿No hay una crítica a la forma en que esas instituciones se relacionan con la organización social?
Creo que no la hay de manera sistematizada y que uno la echa en falta. El Estado debe presentar un balance, donde haya autocrítica, porque no es un secreto para nadie que esa falta de agilidad en la burocracia, esa falta de concreción, tiene consecuencias indeseables. Lo que no quiere decir que no se ha hecho nada, ni lo que se ha hecho está todo mal. Eso hay que subrayarlo. Ya hay suficiente experiencia, ya ha pasado suficiente tiempo como para hacer ese balance con honestidad. Esa es una crítica que hay que hacer para que se pueda rectificar donde haya que hacerlo. Sí creo que a nivel popular hay cosas que han cambiado. La atención primaria de salud es algo que la gente manifiesta que tiene a la mano. Hay, además, un conjunto de obras y de trabajo. El tema de las misiones ha sido suficientemente discutido. Hace falta mostrar una evaluación de esto. Es decir, ¿cuáles han sido los resultados? ¿Cómo es que se está impactando?
Si la burocracia no cambia, si esa cultura clientelar subyace, pero la organización popular crece, ¿qué puede salir de allí?
La organización comunitaria está a la vanguardia de este modelo, más que la institucionalidad del Estado. Me consta que hay muchísima gente en la administración pública que trabaja, incluso, trabaja a brazo partido. La pregunta es: ¿toda esa energía, todo ese esfuerzo, resulta en eficiencia? Yo creo que no, ¿qué pasa?, que las organizaciones comunitarias le llevan una distancia considerable a las instituciones. Cuando la comunidad logra elaborar un proyecto y se lo reciben, cambian a una autoridad, a un ministro, cambian los equipos y la comunidad tiene que esperar, digamos,  tres meses mientras el nuevo equipo, que pudiera tener la mejor voluntad del mundo, entiende lo que está pasando allí y en muchas ocasiones, lo que es peor, cambian las reglas de juego. ¿Qué puede resultar de eso? Primero, una carga de frustración inmensa para la gente; y segundo, tiene que haber un costo en la eficiencia, porque las obras no se pueden concluir así.
¿Qué vínculos de mediación se afectan?
Aquí hay dispositivos extraordinarios, muy complejos, que se han pautado para la participación comunitaria. Uno de ellos es la contraloría social. A mí manera de ver, es uno de los más eficientes para el poder popular. ¿Pero qué ocurre? Para ejercer la contraloría social hay que perderle el miedo a la comunidad. Hay que establecer un vínculo, realmente horizontal, y la institución pública tiene que ser abierta, transparente, de cómo se hacen los proyectos y las contrataciones. Los cambios de equipos, por ejemplo, deberían pasar por la contraloría comunitaria.

Registro verbal
Otro factor que impacta negativamente es la confusión que hay entre partido político y gobierno. ¿Por analogía, quizás, podría decirse que hay una confusión entre partido político y organización comunitaria? Fernando Giuliani sostiene “que en términos políticos la hay; lamentablemente, es perjudicial para el gobierno, aunque también lo es para la comunidad, pero aquí quien va a pagar los platos rotos es el gobierno”.
Y explica ¿por qué?: “la gran base de apoyo que tiene el proyecto bolivariano está en los sectores populares y en el liderazgo comunitario. El gobierno puede dialogar muy bien con ese liderazgo porque a su modo, y desde hace mucho tiempo, ellos venían construyendo este camino de gestión compartida, de participación, de protagonismo en la vida pública, de reivindicación de su cultura y de su propia identidad. Esa es la razón que produce, a mi manera de ver, la empatía entre el liderazgo del presidente Chávez y el pueblo”.
Lo que ocurre es que el instrumento político, que es el partido, “está equivocando el vínculo, tratando de homogeneizar toda participación comunitaria como si fuera equivalente a una participación partidista. La participación comunitaria es política, siempre lo fue, lo que no significa que tenga que responder, necesariamente, a las líneas doctrinarias de un partido. ¿Dónde empiezan los problemas? Si el partido entra en forma contundente en lo que es un consejo comunal, entra a imponer sus lineamientos doctrinarios, frena la participación, entre otras cosas, porque la organización comunitaria, por sí misma, tiene suficiente conciencia de hacia dónde deben ir las cosas”.
La experiencia es, además, reveladora. “los partidos políticos que tomaron el Estado para sí e hicieron del vínculo con la gente una relación clientelar, fracasaron. La historia muestra lo que les pasó”.
¿La empatía entre el proceso bolivariano y las bases populares podría evaporarse? “Responder a eso es casi hablar por la gente. Mi opinión es que la propuesta del gobierno sigue representando algo con lo que el sector popular se sigue identificando. Ahora, la gestión que se está haciendo desde el gobierno es la gran interrogante

Entrevista realizada por Hugo Pietro.
Últimas Noticias
24-10-2010


16 de nov. de 2014

DE LA CRUELDAD


 
                                      Sin embargo, las manos de uno de los señores estaban ya en su garganta, mientras el otro le clavaba el cuchillo en el corazón, haciéndolo girar dos veces.
Con ojos que se quebraban, K. vio aún cómo, cerca de su rostro,
aquellos señores, mejilla contra mejilla, observaban la decisión.
“Como un perro”, dijo; fue como si la vergüenza debiera sobrevivirlo.
Kafka, F. El proceso.

¿Qué decisión? Una sin juez, sin ley. No estábamos allí, esa noche en La Pastora, esa parroquia caraqueña, pero creo que un crimen que nos ha conmovido individual y colectivamente, como otros que le han  precedido, es  una huella imborrable de la crueldad de quienes quebrantaron algo precioso del vínculo social: el respeto a la vida y la dignidad del semejante. Pero no se trataba de una joven y un joven asesinados engrosando la lista de las muertes por violencia. En este caso el asesinato tiene  un sesgo  que apunta a la acción paramilitar,  a generar el miedo y la  desesperanza. Robert Serra era diputado, el diputado más joven de nuestra Asamblea Nacional.  

Días después otro hecho nos conmovió. De súbito, se nos presenta a los y las venezolanas, otra decisión sin  juez, sin ley.  Desde la fuerza  y en una repetición del “disparar primero y averiguar después”, algo que  pensábamos que  más nunca resucitaría, salta  a nuestras conciencias, esta vez en el sector de Quinta Crespo, al sur de  la Avenida Urdaneta de Caracas y esta vez,  por la acción de  agentes de la seguridad policial, mueren integrantes de un colectivo en una situación confusa que dejó muchas interrogantes.

Tanto una situación dolorosa como la otra son investigadas por el Estado  venezolano y confiamos que llegarán a su conclusión y esperamos, fervientemente, que haya  justicia,  para  poder decir: ganamos algo de humanidad, en este mundo convulsionado que nos ha tocado vivir.

Semanas después, la muerte de los estudiantes mexicanos y la desaparición de los 43 y recientemente  la noticia  del horror de su  destino,  agrega un hecho terrible a la lista enorme de desaparecidos  y asesinados en  México. Todos estos sucesos ocurridos en unas pocas semanas entre septiembre y octubre,  son  el  motivo para esta reflexión  sobre la desmesura, sobre ese  exceso  que es la crueldad.

Definida  la violencia como una acción sobre el otro, es imposible escaparnos de ella, la padecemos. La violencia es el acontecer mismo del sujeto en su cotidianidad ya que no tiene otra posibilidad de vivir que en esa dependencia respecto al otro. El otro es necesario e invasor a la vez. Pensemos solamente  en  la inmersión en la lengua, que  si bien nos hace humanos, es una forma de la violencia al sujeto. Aunque en nuestro horizonte esté la aspiración por la paz y la convivencia, debemos no cerrar los ojos y no olvidar que  en la sociedad hay una violencia estructural; pero la violencia no es la crueldad. Para la crueldad y la desmesura,  hay algo más que un paso. Cuando  esa violencia toma el carácter de saña, de un daño infligido con alevosía y exceso,  es cuando la tildamos de crueldad.  Es una acción que va dirigida al ser del otro. Y en relación  a la comunidad  lleva  un fin, el  de amedrentar y advertir, tal como en el caso de Robert Serra.

El lenguaje a veces nos hace una mala pasada, y calificamos de crueles  muchas acciones referidas a la hostilidad entre pares, por ejemplo, en el ambiente escolar a las acciones para ridiculizar, humillar, extorsionar, acompañadas o no de agresión física las calificamos de crueles y decimos: los niños y las niñas  son crueles. Es como si el sustantivo, tuviéramos  que situarlo en su contexto  para ir mas allá de la clasificación de ciertas acciones que en su desmesura  nos hacen preguntas sobre  quiénes son sus agentes. No es lo mismo calificar de crueles a los niños que enfrentarnos a esa desmesura de los actos crueles tal como los hemos conocido en estas semanas.

Freud en Consideraciones sobre la guerra y la muerte (1915) dice "…la acentuación del mandamiento <No matarás> nos ofrece la seguridad de que descendemos de una larguísima serie de generaciones de asesinos que llevaban el placer de matar, como quizá aún nosotros mismos, en la sangre. Las aspiraciones éticas de los hombres, de cuya fuerza e importancia no hay por qué dudar, son una adquisición de la historia humana y han llegado a ser luego, aunque por desgracia en medida muy variable, propiedad heredada de la Humanidad actual”.

A partir de este deseo de matar, desconocido o negado en  nosotros mismos, Freud delimita una partición entre consciente e inconsciente. Si somos todos asesinos en potencia, nosotros sin embargo  no mataremos. Hay un espacio donde las cosas se deciden. Freud no creía en la bondad innata del ser humano, y al estar habitado, a causa de la pulsión, por deseos de destrucción, él debe desplazarlos y sublimarlos en la obra de la civilización.  Indudablemente, hay quienes lo logran, hay quienes no.

Si se mata por defenderse, también se mata por envidia, por odio, por crueldad, por dinero, por poder y también, como ha sido el caso, aquellos que matan en una situación de obediencia incondicional que los lleva a cometer crímenes extremos, obedeciendo ordenes insensatas (oficiales nazis,  Ruanda, Capriles animando a drenar la arr…., los llamados a “la salida”).  Dilucidar qué lleva a un ser humano  al asesinato, y sobretodo a la crueldad, no es  un ejercicio teórico, implica un abordaje a partir de los testimonios que pudieran recogerse de quienes  han cometido  tales crímenes.

La frase  que recoge  la periodista Alicia Herrera, "Nosotros pusimos la bomba, ¿y qué?", dicha  por uno de los terroristas, Freddy Lugo, quien junto con Hernán Ricardo, fueron los autores materiales de la destrucción del avión de Cubana de Aviación, en 1976, en Barbados donde murieron 73 personas, siendo Luis Posada Carriles y Orlando Bosch los autores intelectuales. Esta frase en su desparpajo y cinismo, revela a unos hombres  habitados por una pulsión destructiva, que más allá de obedecer  órdenes, se satisface en la crueldad. Especialmente nos referimos a Posada Carriles de cuya inclinación a la crueldad dan testimonio las víctimas de las torturas ejecutadas y dirigidas por él cuando pertenecía a la DISIP durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez. No hay duda que estos seres  piensan que  gracias a  su trabajo meticuloso las cosas quedaron bien hechas. Indudablemente  un sujeto capaz de no ser afectado por  la gravedad de sus acciones. Y si esto es grave, es más grave aún el que el sistema judicial y político  de los EEUU los haya cobijado e impedido  la extradición  de Posada Carriles.

Para terminar, estas situaciones  nos confrontan con la ética, primero reconociendo que como seres humanos estamos expuestos a recibir violencia y a ejercer la violencia. La tesis de Walter Benjamin: “Jamás se da un documento de cultura sin que lo sea a la vez de barbarie. E igual que él mismo no está libre de barbarie, tampoco lo está el proceso de transmisión en el paso de uno a otro”.

Vivir, entonces,  se convierte en una tarea ética, es decir, el conjunto de fuerzas y actos que resisten a la crueldad. Una gran y difícil tarea tenemos por delante.

María Antonieta Izaguirre
Psicóloga Clínica