26 ene. 2016

LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA: ¿UN COMO SÍ, PERO NO?




“Por más cambios políticos, económicos y sociales que nosotros hagamos, 
si no somos capaces de demoler las viejas costumbres, 
las odiosas diferencias de clase, los obscenos privilegios; 
si no lo hacemos y generamos una nueva cultura de igualdad, solidaridad y hermandad, 
habríamos perdido el tiempo. ! 
Pero nosotros no vamos a perder el tiempo, nosotros lo lograremos, nosotros lo haremos!"

Hugo Rafael Chávez Frías.

17 de enero 2007


Nuestros discursos de absoluto compromiso con la Revolución Bolivariana y Chavista contrasta con un hacer personal e institucional del que, en la gran mayoría de los casos, somos inconscientes; también responden a valores, creencias, actitudes y emociones acordes con la cultura de dominación, en sus diversas expresiones, por citar los más resaltantes: el patriarcado, el capitalismo, el imperialismo, el racismo, el adultismo, el centralismo, entre mil otros, ya que en esta cultura las diferencias son usadas, por quienes se apropian del poder para la dominación, para inferiorizar, oprimir y explotar a otros y otras, mediante la violencia simbólica y real, con el fin de adueñarse de los recursos que no les pertenecen.

Visibilizar algunos ejemplos puede ser conveniente pues, de cotidianos, pasan inadvertidos:
  • Proclamamos la igualdad y la justicia social pero en el hacer gozamos y exigimos privilegios, esto lo podemos ver dentro de nuestras instituciones públicas donde gobierna la ley del embudo, es decir, lo ancho para las autoridades, las y los sindicalistas y sus respectivos/as adulantes; por lo contrario, lo angosto va para las y los trabajadores en general y para las y los receptores de los servicios que les corresponde ofrecer a esas instituciones.
  • Promulgamos la “construcción colectiva del bien común” pero emitimos líneas a seguir por las bases y en nuestros ministerios del Poder Popular para xx, las directrices son tomadas en conclaves de máximas autoridades, gerentes, complacientes y acríticos, se encargan de “bajar” esos lineamientos a las y los trabajadores, sin escuchar y sin tomar en cuenta sus posibles aportes.
  • Afirmamos, con el Che Guevara y Chávez, que “el amor es el sentimiento que mueve a las y los verdaderos revolucionarios; que el egoísmo y el odio, expresados en rivalidad, competencia desleal, en fin, en violencia real y simbólica, son propias y estimuladas por el capitalismo”. Paralelamente nuestras acciones están dirigidas al provecho propio o de grupúsculos dentro de la Revolución.
  • De Bolívar divulgamos “moral y luces son nuestras primeras necesidades.” La honradez es uno de esos valores morales que tiramos a la basura cuando actuamos para llenarnos los bolsillos, y las luces las apagamos cuando ponemos a dirigir y a trabajar en nuestras organizaciones a familiares, amigos/a, personas obedientes y manipulables pero sin idea de lo que debería hacer, sin disposición a aprender y que apartan a las y los más versados porque ponen en evidencia sus incapacidades.
  • El Comandante Eterno Hugo Chávez nos convocó mil veces a la crítica y autocrítica: 3 R, 3R elevadas a la 2, cambio de timón; el presidente Maduro también lo está haciendo; nosotras y nosotros decimos sí, pero lo que hacemos es una crítica abstracta a la Revolución, nunca a una/o mismo (brilla por su ausencia el que hice o deje de hacer yo), para al poco tiempo de esta seudo-crítica, volver por inercia a repetir nuestros comportamientos tradicionales: llegar tarde, hacer el mínimo esfuerzo, disfrutar privilegios y poner zancadillas en detrimentos de otras personas; si en alguna ocasión nos vemos en esos haceres, inmediatamente lo justificamos y continuamos en lo mismo y si un ó una camarada nos muestras nuestras inconsistencias, le tachamos de contrarrevolucionarios/as, marginamos y violentamos. La máxima revolucionaria más comúnmente proclamada e incumplida es “Irreverencia en la discusión y lealtad en la acción”
  • Expresamos “En Revolución el pueblo es primero”, ciertamente es mucho lo que se ha hecho por el pueblo venezolano pero ¿cuánto de ello teñido del cálculo del beneficio personal que tal servicio nos brindará para estar primero y por encima de otras/os?
Paremos, por interminables, el señalamiento de inconsistencias entre nuestras palabras y obras. Que estén, estas y muchas otras incongruencias, es esperables; es más son la razón de ser de las revoluciones (de los cambios desde las raíces), siempre y cuando trabajemos consciente, amorosamente y en colectivo para sus transformaciones. 

Las propias incongruencias y la actitud de “no oigo, no veo, no digo” nos convierten en cómplices internos de la derecha.Decimos que en Revolución son esperables pero no justificables. Son esperables porque somos sujetas y sujetos históricos, es decir, se nos socializa y construimos una subjetividad inconscientemente acorde al paradigma imperante, la dominación (llevamos inconscientemente dentro de nosotras y nosotros un patriarca, capitalista y racista, por lo mínimo, dirigiendo nuestras acciones). 

Si comenzamos a transformarnos, como lo hicimos con Bolívar y Chávez, entonces somos objeto de los laboratorios internacionales y nacionales de guerras de cuarta generación para llevarnos a desandar lo adelantado en estos procesos acelerados de humanización que son las revoluciones.

En 17 años de Revolución muchos logros materiales (viviendas, escuelas, universidades, centros de salud, infraestructura vial, alimentación, sueldos, pensiones, etc.) y no pocos inmateriales (mejora de la estima de ser venezolanas/os, participación, valores revolucionarios, alegría, bienestar, compromiso patrio) se han sembrado pero el nivel de profundidad que significa concientizar y transformar nuestras inconsistencias  está pendiente y  carcomiendo por dentro a la Revolución Bolivariana, sumándose al ataque sistemático que hacen las y los agentes de la cultura de dominación nacional e internacional.

La gravísima conclusión es que lo esencial de la cultura de dominación está intacta e imperando en burgueses y proletariados, hombres y mujeres, eurodescendientes y afrodescendientes, en las y los líderes y seguidores de uno y otro sector socio-económico. A los primeros les es propio y conveniente; para las y los revolucionarios es una catástrofe porque nos hace “instrumentos ciegos de nuestra propia destrucción”.

La esperanza de consolidar la Revolución, hasta hacerla irreversible, esta en tomar conciencia, en reconocer que todas y todos, de alguna manera, manifestamos inconscientemente comportamientos propios de la cultura de dominación, por lo que se requiere la voluntad política gubernamental y la disposición personal y social para vernos y corregirnos, en primer lugar, el colectivo comprometido con la Revolución; lo que servirá de ejemplo exigible, inclusive legalmente, a la sociedad en general.
 
Planes, programas y proyectos socio-económicos se han seguido unos a otros y estas inconsistencias los han malogrados. Es urgente, paralelamente al nuevo modelo económico propuesto por el presidente Maduro,  el diseño, implementación y seguimiento de un plan nacional de desarrollo psico-socio-espiritual para la constitución de los hombres y las mujeres nuevas, y de la institucionalidad revolucionaria. Sin este trabajo científico, consciente, sistemático, sistémico y sostenido en el tiempo, agonizaremos por un breve tiempo más, pareciendo una  revolución que no llegó a serlo plenamente, hasta pasar a ser una nueva frustrada esperanza de la humanidad. 

El tiempo se nos agota, “inventamos o erramos”, como sentención el maestro del Libertador. 

Mgtra. Yurbin Aguilar
23 de enero 2016.

21 ene. 2016

UN NEGOCIO REDONDO PARA LA BANCA PRIVADA: LA PROPUESTA DE LEY PARA LA PROPIEDAD DE LA GMVV




Ya hemos señalado en otro artículo que escribimos sobre la propuesta que hizo el diputado Julio Borges para una ley que regule la propiedad de las viviendas de la GMVV, el carácter oportunista y demagógico de esta propuesta así como la profunda hipocresía y cinismo con que la oposición, luego de descalificar esta Misión durante años, ahora se presenta con este proyecto de ley. Sin embargo, el análisis no debe terminar allí y debemos buscar las razones que los motivan a presentar este proyecto, factores que van más allá de su oportunismo y de su acostumbrada forma manipuladora y cínica de hacer política. Hagamos entonces un análisis detallado de todo el contexto.

En primer lugar, debemos decir que la GMVV nació y se desarrolló bajo la premisa que la vivienda es el espacio vital para que la familia, célula fundamental de la sociedad, conviva en forma plena garantizando así el desarrollo adecuado de cada uno de sus miembros. En segundo lugar, la GMVV asumió la tarea de restituir una histórica deuda social que el estado venezolano tenía (y sigue teniendo hasta que se logre saldar completamente) con el derecho a la vivienda que había sido negado a la mayoría de la población pobre y excluida. Es también por ello que las personas pagan estas viviendas bajo condiciones altamente protegidas de los precios y las reglas del mercado.

Quiere decir entonces que esa vivienda se transforma en un bien de uso destinado exclusivamente al desarrollo de la familia en condiciones dignas. Al mismo tiempo, una vez que la vivienda es adjudicada,  la actual normativa jurídica de la Gran Misión le otorga la seguridad jurídica respectiva a la familia en cuanto  a la tenencia de su vivienda. En caso que la familia en cuestión decida venderla, puede hacerlo pero debe vendérsela al  propio estado. ¿Por qué razón? Para que de esta manera, dicha vivienda vuelva a estar disponible para otra familia que la necesite.

Entonces, si la seguridad jurídica de la propiedad de las viviendas está garantizada y las familias que las ocupan no tienen ningún riesgo de perderlas y si, además,  se contempla la posibilidad que puedan venderlas al estado. ¿Por qué la oposición plantea esta propuesta para una nueva ley? Continuemos nuestro análisis.

Supongamos por un momento que esta propuesta se transforma realmente en la ley que regule la propiedad de las viviendas de la Gran Misión (lo cual es un supuesto negado ya que existe una normativa jurídica propia de la GMVV que no podrá ser eliminada fácilmente) y se eliminara la obligatoriedad de vender las viviendas al estado. ¿Qué consecuencias traería aparejadas tal cambio en la ley? ¿A quién beneficiaría esta medida? Lo primero que tal vez ocurriría es que gente con poca conciencia acerca de las verdaderas implicaciones que todo ello acarrearía y dejándose llevar por la avidez personal, vendería su vivienda en el mercado inmobiliario. Así, la vivienda que fue concebida, construida y adjudicada bajo la perspectiva social, cómo un  derecho y como un bien de uso, se convertiría automáticamente en un bien de cambio como una mercancía cualquiera, perdiendo su sentido original. Al hacerlo, inmediatamente adquiriría un precio “de mercado” que diferirá del valor real debido a la cadena de factores que, en un marco capitalista, forman parte del juego de la oferta y la demanda. Esto resultaría profundamente injusto ya que la familia propietaria de esa vivienda la pagó a un precio y bajo condiciones absolutamente preferenciales garantizadas por el mismo estado que la construyó, por lo que no es lógico que la venda a precio de mercado.

Pero por otro lado, (y aquí es donde seguramente está la principal razón económica que mueve a la oposición a proponer esta ley) es seguro que va a aparecer un actor que nunca falta en el “negocio de la vivienda” y será el que más se beneficiaría de manera directa y grosera de todo esto: la banca privada. ¿De qué forma? Muy simple: ellos ofrecerán el financiamiento a las personas que vayan a adquirirlas y que por no poder pagar el precio de mercado, se verán obligados a solicitar un crédito hipotecario. En tales casos, como suele ocurrir, la banca aplicará todas las condiciones que garanticen su máxima rentabilidad.

Y aquí vale la pena evocar algo de la historia reciente: ¿Recuerda usted los créditos indexados? Fueron los llamados créditos “balón” que el TSJ prohibió mediante una sentencia dictada el 24/01/2002, luego que miles de familias venezolanas habían sido víctimas de este instrumento especulativo que el Tribunal lo consideró como un delito. El asunto consistía en algo así: la persona solicitaba un préstamo al banco, para el cual se le exigía una inicial y se le otorgaba el crédito  considerando que el pago de las cuotas no podrían exceder el 30 % de su ingreso mensual. Pero el problema era que los intereses del crédito no eran fijos sino que se re-calculaban mensualmente de acuerdo con la inflación y el excedente de los intereses que estaba por encima de esa cuota, pasaba a sumarse al capital lo cual, a su vez, aumentaba nuevamente los intereses y así se entraba en un ciclo sin fin del cual no se podía salir. Para decirlo en pocas palabras: el monto del préstamo aumentaba en forma permanente y así, aquellos que lograban pagar la totalidad del préstamo, lo hacían a costa de desangrarse y terminaban pagando el valor de la vivienda y lo que le habían recibido en préstamo multiplicado por infinidad de veces. Quienes no lograban pagar, entonces perdían la vivienda y todo lo que habían pagado. ¿Alguien puede racionalmente defender una modalidad de este tipo? Pues sí! Los mismos grupos económicos a quienes defiende y representa esta dirigencia opositora, fueron quienes instauraron los créditos indexados, les diseñaron un marco jurídico que los sustentara y los defendieron hasta que en la Revolución, quedaron abolidos y  prohibidos.

No podemos entonces ser ingenuos y no pensar que este es un primer paso para luego reinstaurar los créditos indexados y así “esperar con los brazos abiertos” a que ese millón de viviendas que hoy están bajo el régimen actual de la GMVV se liberen al mercado y la banca se apropie de toda esa cartera crediticia. ¿Cuántos miles de millones no irían a parar a sus bolsillos a costa del esfuerzo y la sangre del Pueblo? Y lo mejor: son viviendas en las cuales no han invertido ni un céntimo, ni han participado en ninguna etapa de su construcción. Desde esta perspectiva sería un negocio redondo y perfecto, propio del capitalismo rentista, rapaz y parasitario que caracteriza justamente al sector financiero privado. Por eso para ellos es muy importante liberar a las viviendas de la GMVV de la venta preferencial al Estado, bajo la excusa de “beneficiar” al pueblo con una seguridad jurídica que no necesita porque la Revolución se la garantiza. Quieren “tentar” a la gente estimulándole sus apetencias económicas, mostrándoles que con esta ley ellos podrán hacer uso de sus “libertades económicas” y entrar en el mercado inmobiliario.

Además, si tal situación ocurriera, debemos entender que cada vivienda vendida en el mercado inmobiliario, es una vivienda menos para los más necesitados que esperan en el registro de la GMVV para solucionar su problema. Asimismo, es seguro que aparecerán grupos y “mafias” que cuentan con capital suficiente como para adquirir viviendas en grandes cantidades con el fin de profundizar la especulación en el mercado inmobiliario haciendo subir por las nubes sus precios así como el de los alquileres.

Frente a todo esto es urgente que salgamos en defensa de la GMVV y de toda su normativa jurídica tal y como está concebida. No podemos ni debemos dejar sola a nuestra Bancada de la Patria ya que esto no es un asunto exclusivo de la Asamblea Nacional. Se trata de defender una conquista de la Revolución y en ello debemos comprometernos todos y todas. Necesitamos que los/as revolucionarios/as, las instituciones,  los equipos de la Gran Misión, los colectivos de vivienda y muy especialmente el Pueblo que habita los urbanismos así como el Pueblo que está esperando por su vivienda en los registros de la Gran Misión, nos articulemos en un gran Frente Nacional de defensa de la GMVV. Vamos a colmar de asambleas, foros y espacios de discusión al país completo y a ocupar y utilizar todos los medios de comunicación revolucionarios para promover la conciencia y la acción. Junto a ello, se deben librar todas las batallas jurídicas y políticas que sean necesarias para que esta propuesta quede clausurada y derrotada definitivamente por la fuerza de los argumentos y por la conciencia de todo un Pueblo que debe asumir de manera firme y contundente su protagonismo para defender sus conquistas históricas.

Fernando Giuliani
Psicólogo Social




17 ene. 2016

DE LA MISIÓN MAQUETA A LA LEY DE PROPIEDAD PARA LA GRAN MISIÓN VIVIENDA VENEZUELA



Durante la jornada de miércoles 13 de enero en la Asamblea Nacional el diputado Julio Borges, de Primero Justicia, propuso una Ley para regular la propiedad de las viviendas construidas por la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV). Debo confesar que el haber visto y escuchado esta propuesta, especialmente de boca de este diputado en particular, fue realmente un desafío a la tolerancia, a la paciencia y hasta a la misma salud mental. Tal vez para quien no ha seguido de cerca la dinámica política de los últimos años y para quienes no están muy allegados al tema de vivienda, este planteamiento que hacemos aquí resulte exagerado y hasta incomprensible.  Pero puedo asegurar que, para quienes participamos activamente en el quehacer político y, muy especialmente, para quienes hemos participado y hemos formado parte de alguna manera de la GMVV, lo de ayer no tiene calificación posible. Hagamos una breve historia de esta Misión y del papel que jugó la oposición y el diputado Julio Borges en todo este tiempo y podremos comprender con certeza lo que queremos expresar.

La GMVV nació en el año 2011, luego que en el año 2010 se produjera una vaguada que afectó a miles de familias, causando daños materiales y dejando sin vivienda a buena parte de ellas, lo cual no hizo sino acentuar el déficit histórico que en esta materia caracterizaba a Venezuela y mostrando también el alto nivel de vulnerabilidad de buena parte de la población que habita en zonas de barrios con alta precariedad. Problemas que, por cierto, se fueron acumulando tras largos años de políticas económicas y sociales que generaron una profunda exclusión y empujaron a millones a vivir en condiciones de marginalidad y pobreza.

Se produjo entonces una respuesta inmediata por parte del Gobierno Revolucionario, liderada por el Presidente Chávez, orientada a albergar a más de 100.000 personas en refugios las cuales irían progresivamente a ser reubicadas en viviendas seguras donde pudieran desarrollar la vida familiar y comunitaria con dignidad plena. Pero, además, el gobierno asumió la necesidad urgente de diseñar una política en materia de vivienda que trascendiera esta emergencia y apuntara a resolver de raíz el problema. Es en ese contexto donde nace esta Gran Misión, la cual fue diseñada y planificada en forma rigurosa por un equipo del gobierno con las mayores calificaciones técnicas y profesionales.  Esto implicó desarrollar una compleja y sofisticada metodología que contempló abordar diferentes aspectos tales como el registro actualizado de la población sin vivienda, la ubicación y obtención de los terrenos, el aseguramiento de los materiales para la construcción y la logística para su suministro y la ejecución de las obras. Junto con todo ello, también se contempló el trabajo organizativo del Pueblo así como el marco jurídico y asignación de los recursos. Todo esto aquí resumido (se dice fácil y rápido!) fue elaborado en tiempo récord y de forma inmediata comenzó la gran marcha de esta Misión que arribó, en el año 2015, a la vivienda 1.000.000, cifra realmente récord jamás alcanzada por gobierno alguno antes de la Revolución.

Pues bien, todo este esfuerzo gigantesco no contó NUNCA con el apoyo de la oposición. Peor aún, no se conformaron con no apoyarla, sino que se dedicaron en forma sistemática y mezquina a criticarla, calumniarla, difamarla y sabotearla de todas las formas posibles. Conducta que, de manera persistente, fue liderada y abanderada justamente por el diputado Julio Borges. Así, durante su período como diputado en la Asamblea anterior, él, su partido y toda la bancada opositora, votaron siempre en contra de los presupuestos para la GMVV. Una y otra vez, voceros y voceras de la oposición, con Borges siempre en primerísimo lugar, aparecieron en radio, prensa y televisión, desacreditando la Misión, difamándola con mentiras y calumnias llegando al extremo de denominarla la “Misión Maqueta”, expresión que como bien sabemos fue de la exclusiva autoría de quien ahora se erige como  el abanderado de esta ley.

Pero como si todo esto fuera poco, esta postura del diputado Borges y de toda la oposición, fue acompañada por una campaña mediática que no dio tregua a la cual sirvieron articulistas, “expertos” y reporteros que mantuvieron durante todos estos años un ataque de difamación permanente, señalando problemas y dificultades que, obviamente, se presentan en los urbanismos como expresión de una natural complejidad en un proceso de construcción y reubicación masiva, pero que siempre fueron resaltados de forma mezquina, exagerando y tergiversando de manera negativa cualquier situación que sirviera para la descalificación. Jamás mostraron un reconocimiento positivo de la Gran Misión ni nunca fue para ellos noticia de importancia siquiera alguna que otra inauguración de un nuevo urbanismo.

Mención particular tiene, dentro de esta campaña de desprestigio, el uso de las redes virtuales donde en forma permanente e implacable circuló y circula todo tipo de información rastrera y vulgar sobre los habitantes de los urbanismos de la GMVV, sobre sus modos de vida,  sobre la calidad de sus viviendas  y una larga lista de descalificaciones y adjetivaciones que encarnan el más rancio desprecio de clase, racismo y exclusión.

De esa forma, entre todos, (la oposición política con el diputado Borges a la cabeza, los voceros de los medios de comunicación y las campañas en las redes virtuales) contribuyeron a conformar una matriz de opinión y un conjunto de representaciones sociales altamente negativas hacia todo lo que tenga que ver con la GMVV, alimentando siempre el odio y el desprecio; así le hicieron creer a mucha gente que si en su zona construían un urbanismo de la GMVV, perderían su calidad de vida y su propiedad se desvalorizaría; así le hicieron creer a buena parte de la opinión pública que estos edificios se derrumbarían en cualquier momento; así, sembraron la opinión que el Pueblo que habita sus viviendas no son sino delincuentes y gente de mal vivir, por lo que a no pocos urbanismos los “bautizaron” con  nombre de penales tales como “El Rodeo I”, “El Rodeo II” o “Tocorón”. La lista de infamias es larga.

Es por todo esto, es por este expediente que tiene Julio Borges, que se hace casi imposible asimilar serenamente la imagen de este diputado hablando de la ley para la Gran Misión Vivienda Venezuela. Y es por eso también que esta imagen de ayer quedará para siempre grabada en nosotros (y espero con todo mi corazón que también así quede grabada en la memoria colectiva) como una muestra nunca antes vista de oportunismo, hipocresía, desfachatez, falsedad y demagogia. ¿De qué otro modo se puede explicar que, si durante toda la ejecución de la Gran Misión, la oposición la negó, la descalificó, la vapuleó y la saboteó, ahora propongan una ley para consolidar su propiedad? En todo caso hubiera resultado congruente y honesto con ellos mismos, haber propuesto una ley para cancelar la GMVV y presentaran una nueva propuesta en materia de vivienda. Sin embargo, optaron por esta propuesta oportunista y demagógica. La verdad amigo/a lector/a, no importa si usted es chavista,  es opositor o es “ni-ni”, no creo que alguien pueda encontrar argumento racional alguno que pueda explicar este verdadero irrespeto que el diputado Julio Borges hace a la inteligencia de la gente y a la ética del ejercicio político.

Es obvio que con esta propuesta de ley quieren ganarse la voluntad del pueblo creyendo que de esta forma ellos aparecerán como “los grandes benefactores” ante los habitantes de las viviendas de la Gran Misión y ante la opinión pública. Y esto es aberrante no solo por todo lo que ya hemos dicho sino porque, además, ellos no han construido ni una sola vivienda en ninguna parte en que hayan gobernado.

No debemos perder la paciencia; debemos esforzarnos en  hacer un gran acopio de razón, manteniendo siempre el corazón ardiendo pero la cabeza fría de tal manera que una y otra vez, los llevemos al ámbito del debate. A ellos siempre les convendrá la confrontación y la violencia y así lo han mostrado a lo largo de todos estos años. No le demos esa oportunidad, aprovechemos esta circunstancia histórica de verlos exponer sus argumentos en la Asamblea Nacional frente al país entero y vayamos a este combate de ideas, donde la victoria inequívocamente siempre será nuestra.

Fernando Giuliani
Psicólogo social