19 jul. 2013

CHÁVEZ: SIGNIFICADO DE UN DUELO



 El día miércoles 10 de julio, el “Colectivo de Psicólogos por el Socialismo” salió a la luz pública, al realizar un conversatorio en el auditórium del Museo de Ciencias, sobre cómo manejar el duelo, el dolor y la tristeza, por la partida del presidente Chávez.  
La psicóloga Cristina Otálora comenzó presentando al colectivo e inició el tema del duelo para, acto seguido, presentar a las expositoras: Freddzia  Torres (socióloga) y María Antonieta (psicóloga) quienes hablaron sobre el significado y la influencia de Chávez en lo individual, en lo colectivo, en lo político, en lo mundial. Lo que significa una pérdida, un duelo, la tristeza, el desamparo, el nuevo compromiso y el desafío que representa su partida para los chavistas, para el pueblo y para los pobres del mundo. En forma extraordinaria, humilde, profesional, expusieron sus puntos de vista, para luego silenciar su saber y ceder la palabra al público, demostrando así, que quien comparte una alegría la multiplica y que quien comparte una pena siembra solidaridad, a decir de Facundo Cabral. Y comenzó a llover sabiduría:
.- Cuando murió Chávez, me puse a llorar y unos amigos que no son chavistas me decían que por qué lloraba rindiendo culto a la personalidad. ¿Por qué no pueden entender que no es culto a la personalidad, que es amor de hijo lo que yo siento por Chávez?
.- Yo soy de los Andes y nos vinimos para la Academia Militar al enterarnos de la muerte de Chávez, haciendo 18 horas de colas para poder ver al maestro. Luego de las elecciones del 14 de abril, la pasamos feo, porque ser revolucionario en el Táchira es duro; allí cada punto rojo chavista recibe mínimo, en promedio, como 50 insultos diarios. Y nuestros chavistas, con Chávez ido y con nuestros muertos al lado decían estoicamente: “No vamos a caer en provocaciones”.
.- Yo soy psicóloga y lo que puedo decir es que con Chávez se rompieron todos los moldes y los paradigmas. Cuando él murió, nos vestimos de rojo, que no es el color del luto; unos vecinos opositores que respetaban a Chávez se vistieron de negro y lo fueron a visitar y los únicos zamuros eran ellos. Todos los chavistas estábamos de rojo, cantando, llorando, declamando, gritando consignas, como en una marcha. Todo el pueblo pobre lo lloró. Todo el planeta honesto lo lloró.  
.- Yo vengo de la guardia vieja de la izquierda y vivimos en carne propia lo que era un militar formado en la Escuela de las Américas; pero cuando un soldado se pasa a las filas del pueblo, es un patriota; y eso es Chávez, un patriota, un libertador, un muchachote patriota.
.- Yo la verdad me siento como culpable: mi papá murió hace poco y he sufrido más la muerte de Chávez que la de mi propio papá.
.- Yo trabaje con Chávez saben…  y lo que puedo decir es que es un hombre fuera de serie. Yo tengo una anécdota: Una vez fuimos a la Guajira a una actividad y antes de llegar al sitio, mi comandante vio una casita pobre y le preguntó al ministro: ¿Qué es eso que está allá? ¿Quién vive ahí?. -No lo sé presidente. Y mi comandante se empujó a caminar hacia el ranchito y antes de entrar, sus médicos le advirtieron sobre el peligro de la posible presencia de tuberculosis en la casa. -Hay una sola manera de averiguarlo. Contestó. Entramos a la casa, era un ranchito chiquitico y encontramos a tres señoras inmóviles del cuello para abajo, que eran ayudadas y mantenidas por un señor igualmente pobre, y Chávez preguntaba y preguntaba, y sufría con ese cuadro. Él mismo hizo un café y nos dio a todo y mandó a montar a las señoras en su avión presidencial para que las atendieran en Cuba.
.- La otra vez se paró a comer un perro caliente y nos preguntó si nosotros habíamos comido. Después de echar broma con el perrocalentero, le demandó que no se dejara extorsionar por nadie, sea presidente, ministro, militar o cualquier funcionario. Acto seguido, sacó su cartera, la revisó, se percató de que estaba limpio y le pidió 20 Bs al ministro más cercano.
“¡Diosito santo, mi presidente es pobre!”.
.- Yo vine aquí a tomar fotos, pero yo necesito hablar. Ya yo estaba muy cansado cuando Chávez recorrió el país al final de su campaña. El día que se iba a lanzar el satélite, el vino aquí a la Plaza de los Museos, se apareció de sorpresa. Yo quedé frente a él por los empujones de la multitud; como 10 min larguísimos y comencé a tomar fotos con el lente empañado por el calor que había en ese nudo de personas que amaban a Chávez. Lo cierto es que las fotos salieron como difusas, pero esas son las mejores fotos que he tomado en mi vida. Al día siguiente Chávez siguió recorriendo al país con su enfermedad a cuestas.
.- Yo lo que pido es que nuestros jefes dejen de pedir productos, resultados o cifras y se sienten un momento con sus trabajadores a hablar sobre lo que sentimos por la muerte de Chávez, como lo estamos haciendo aquí.
.- Para mí, Chávez fue el padre que nunca tuve. Chávez nunca fue a mi casa, pero todos los días entraba a mi casa; estaba pero no estaba; era una ausencia presente o una presencia ausente, todos los días. Mi padre, mi papá. 
.- A mi todavía me cuesta pararme en las mañanas, me levanto llorando.
Entonces, lo que yo entendí, lo que aprendí de esas (os) compañeras (os) ese día, -sobre cómo manejar el dolor por la partida de Chávez -, EL GRANDE HOMBRE, es que hay que llorar, hablar, decir, oír, reírse, juntarnos, escuchar a Alí Primera, seguir haciendo la Revolución Bolivariana, empujar con los otros para el mismo lado contrario de la mano derecha, estudiar, trabajar, creer en la patria y hacerla, entre todos, compartiendo las alegrías y las penas, porque… así somos los chavistas. Eso es el chavismo: reímos, lloramos y construimos juntos.


Fernando Pérez
Psicólogo Clínico
13/07/13

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