3 jul. 2015

REVOLUCIÓN BOLIVARIANA VS DROGAS





“El Libertador no fuma ni permite que se fume en su presencia: no toma polvo [tabaco rallado], y nunca hace uso de aguardiente u otros licores fuertes. En el almuerzo no toma vino, ni tampoco se pone en su mesa dicha bebida, a menos de un caso extraordinario”.
Perú De Lacroix

“Es el pueblo ahí en el barrio, en la comunidad, en el círculo. Una de las batallas más grandes que tenemos que dar, en esos círculos de lucha por el Vivir Bien, es contra la delincuencia, contra las drogas. (…) Entonces ustedes detecten donde están esos muchachitos que ya comenzaron a consumir drogas, (…) alcohol (…) Vengan con Chávez, para que se conviertan en Bienandros, (…) Les cambio esa mala vida, por la buena vida, para que vivan, haciéndole el bien, primero a ellos mismos, y segundo a la comunidad”.
Alocución del Presidente  Chávez el 08/10/2011 en Miraflores

Dos Libertadores que, cada uno en su momento, nos hablaron respecto al consumo de sustancias -como factores de la cultura de la dominación- que afectan y deforman la moral, la dignidad y la vida de las personas y las naciones. Bolívar frente a la monarquía y Chávez contra el sistema capitalista.

Es que el capitalismo odia la vida, la felicidad, la salud, la solidaridad, la naturaleza. Promueve la producción, venta y consumo de drogas y de armas; prefiere la enfermedad, la muerte, el odio, el egoísmo, la competencia, el dinero y el poder. Ha mercantilizado los vínculos, fracturando las relaciones y los afectos por medio de la competencia, ha generado falsas ilusiones y nos ha convertido en personas esclavas de apetitos consumistas y hedonistas. La vida en el capitalismo nos empuja y obliga a las drogas, al alcohol y a una vida de apariencias para anestesiar el vacío existencial. Nos seduce a la viveza, a la trampa, al bachaqueo y a la delincuencia para sobrevivir.

El capitalismo genera sociedades -y por ende personas- deprimidas, enfermas, solas, aburridas, alcoholizadas, consumistas, gastivas, huérfanos, enajenados, extraños de sí mismos donde quiera que se paren. La vida en el capitalismo es una vida vacía, triste, aburrida, desamparada, sin horizonte y en constante guerra entre todos. Nos han convertido en seres temerosos, fragmentados de todo y de todos, aislados y empujados a ser depredadores de nosotros mismos, como clase y como especie. Es una vida empleada en sobrevivir y consumir, sin propósito, sin sentido, sin transcendencia.

El modelo del capital se nutre del individualismo, de la anarquía, del desacuerdo y del enfrentamiento social para engañarnos y vendernos todo tipo de drogas, armas, bagatelas y suntuosidades, con el fin de aislarnos, someternos, controlarnos y dominarnos. En el capitalismo predominan los verbos comprar, vender y tener, arrebatar y pedir, competir y sobrevivir, ganar y perder, empujar y matar, aparentar, dominar. Es que mientras exista capitalismo habrá, drogas, armas, violencia, machismo, dominación y cuanto mal social exista.

En un artículo de Alejandro Martínez Gallardo titulado: “La psicología de las adicciones muestra que las drogas no son el problema de fondo”, sobre el libro de Johann Hari (*), respecto al verdadero origen de las adicciones, se plantea la siguiente conclusión: “Lo que causa las adicciones es la falta de conexiones humanas profundas y significativas”.

Ello se debe al aislamiento, a la sustracción del entorno y por ende, del establecimiento de relaciones afectivas auténticas, vitales, sustantivas; generando una existencia sin sentido. Mientras que por el contrario, un ambiente humano sano, nutritivo, respetuoso, estimulante, digno, solidario y cargado de afectos importantes, que acompañen a la promoción de la felicidad, impiden el comienzo de adicciones.

Este artículo deviene de un juicio que comparto plenamente: Es el modelo social, -que genera pobreza, miseria y desgracias humanas-, contra lo que hay que luchar; pero, evidentemente, ello implica adversar al sistema y a quienes detentan el poder y el capital; por tanto, se ha desviado la atención a la lucha contra las drogas y no contra el modelo que las genera y las convirtió en mercancía.

Por contrapartida, la Revolución Bolivariana promueve el desarrollo de la capacidad amatoria, extendiendo los afectos hacia la humanidad toda, tal y como lo señalaran en su momento Bolívar y Martí. Corresponde generar la esperanza activa de amor por la vida, para contribuir a la felicidad social de toda la humanidad. La revolución está obligada a la integración de todo lo fragmentado por el capitalismo, para lograr la salud mental social de los venezolanos y convertir las adicciones, en un mal recuerdo, en una pesadilla superada.

Por ello, cada revolucionario tiene que combatir, a diario, la cultura de la dominación que habita en cada uno de nosotros para lograr superarnos, revolucionar y evolucionar; para poder asumir la responsabilidad del combate contra un enemigo considerablemente superior, pero de una moral infinitamente inferior.

La revolución debe generar (tal y como lo lleva a cabo con los diferentes planes sociales y misiones) la satisfacción de las necesidades materiales, pero fundamentadas en aspiraciones y motivos espirituales, humanistas, superiores, y para ello se soporta en la premisa Gramsciana de combatir y acabar con viejos valores y esquemas, para proponer, sembrar y desarrollar los nuevos valores y la nueva sociedad necesaria que soñaron Cristo, Bolívar, Rodríguez y Chávez, por el derecho a existir con dignidad, en libertad y felices. Nuestro ideal social está proponiendo el amor entre los hombres y la naturaleza, para dar contenido, sentido y propósito a la vida de los venezolanos y americanos del continente.

El Socialismo Bolivariano está creando un horizonte histórico donde se resuelve la contradicción entre lo personal y lo social, proponiendo un proyecto de vida vinculado a un proyecto de país: Comunas – Plan de la Patria – Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. No lo hemos logrado, es cierto, pero ese es nuestro desafío. Hombres y mujeres históricos, concientes de su pasado y responsables de lo por venir.

La revolución genera la creación de salud, previniendo la fragmentación, la enfermedad, la soledad y la infelicidad, promoviendo la vida para la felicidad, que implica, evitar lo banal, el caos, generando integración, sembrando alegría y el amar como estrategia para alejarnos de las drogas y vivir con dignidad y a plenitud.

Finalmente, cabe concluir que, en las familias donde prevalece la alegría, la paz, el respeto, el trabajo y el estudio, la tolerancia, el apoyo mutuo y propósitos compartidos, difícilmente hay miembros con problemas de drogas y delincuencia. Por tanto, quien no quiera a sus hijos y allegados, drogados o delinquiendo, debe procurar un hogar respetuoso, virtuoso, feliz; una comunidad participativa y organizada, así como una patria digna, bolivariana y socialista.


Mg. Fernando Pérez
Psicólogo Clínico

(*) Persiguiendo el grito: Los primeros y últimos días de la guerra contra las drogas. 
En: http://chasingthescream.com

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