27 may. 2015

MI PRIMERA VEZ…. (en la Milicia)


 Un psicólogo pintándose de verde

Luego de haberme inscrito en cuanto lugar tenían planillas para incorporarse en la milicia (cinco veces, siendo la última vez en la Esquina Caliente, en pleno corre y corre con el fulano decreto del obama ese), por fin me llamaron para incorporarme al Batallón San Juan, del Agrupamiento 13 de Abril de la misma parroquia.
Ya he asistido en dos oportunidades a la Escuela Villavicencio, donde nos dan la instrucción militar. Y debo confesar que me cuesta. Para un ñángara como yo, es como difícil parársele firme a otro, saludar con la mano en la cabeza, ponerle el prefijo “MI” a cuanto carajo –o dama- se atraviese por delante, ya que todo el mundo es más antiguo que uno: mi teniente, mi sargento, mi cabo, mi distinguido. De vaina y no hay que decir “mi” nuevo. Confieso que con las damas no es tan difícil, pero la cosa cambia cuando se pone al frente un tipo coco pelao, o barrigón, o flaco, con bigotes, etc: “mí no sé qué vaina”. Bueno, gajes del oficio. Aquí todo el mundo le tiene que decir “Mi” a otros. 
De paso, ahí no hay la consideración del género. Allí no existen Cabas, ni Sargentas, ni Tenientas, ni Sargenta Mayor Ayudanta, ni cosa que se le parezca. Todo termina en “o”.
Además, la primera vez que fui, hice un paneo por las edades de los presentes y lo que vi fue puras doñitas y doñitos. Yo creo que era el más joven de los nuevos, y eso que yo tengo 54 primaveras nada más. Eeeese menorrrr.   
Bueno lo cierto es que, -ya en el aula (al principio nos reunimos en un salón y luego nos vamos al patio), durante nuestro segundo día de entrenamiento-, entra al salón un joven como de 23 años más o menos, perdido por haber llegado tarde -y después de interrumpir la disertación del Sargento Ayudante, sobre la obligación que tiene todo miliciano (a), de participar en actividades de contraloría social en nuestras comunidades y de la defensa de los logros de la revolución-, el muchacho se sienta.
 El sargento comienza a hacer en la pizarra, los dibujitos esos de los rangos de los militares y yo escribiendo como niño de primaria, no vaya a ser que me equivoque y le diga Mi Cabo a un Mi General. El muchacho se voltea y me pide que le escriba en su cuaderno  los dibujitos del sargento. Lo primero que pensé fue: “Este si es arrecho, como que me vio cara de gafo o cara è nuevo o se está haciendo el paisa”. Abrí su cuaderno como para no dejar y….
Coño, el muchacho está aprendiendo a escribir. En sus hojas blancas habían planas de las vocales: a-a-a-a-a-; e-e-e-e-e; i-i-i-i-i, o-o-o-o-o; u-u-u-u-u. Me sentí como un bicho y empecé a hacerle los dibujitos al compañero.
Al término de la clase teórica, salimos al patio, por orden de antigüedad: los que habían asistido antes, de primero y los que asistimos la semana pasada, después. Los que se presentaban por primera vez ese sábado, se quedaron con el mi sargento.
Y en patio: A la izquierrrr, a la dereeeee, a la pà lante, a la pà los lados; marchhhhhhh, a discreeeee ción y así una cantidad de maniobras militares para aprender disciplina.
Por supuesto, los nuevos siempre hacemos las vainas al revés: la derecha queda pà la izquierda y la izquierda para otro lado. Nos tropezamos; nos cuesta discernir entre fila y columna, no meternos las manos en los bolsillos, se nos hace difícil estarle mirando la nuca al que está al frente dándonos la espalda. Resulta complejo aceptar como natural a un carajo que casi grita al dar órdenes, meternos la franela por dentro del pantalón y es dificultoso estarse golpeando los talones sin perder el equilibrio y tambalearse.
En fin, al ratico se incorpora a la formación en el patio, una señora con algunos añitos de más y caminando apoyada en una andadera. Estaba sonriente y orgullosa de ser miliciana. Se hizo un silencio largo.
Verga que vergüenza, si ella es patriota, yo también, no joda.
Y siguió el dale pà allá y pà ca, y sube pà rriba y baja pà bajo, avanza pà lante y retrocede pà tras.
Para hacer el cuento corto y no fastidiar, les cuento que después de estar como una hora llevando sol como unos locos al mediodía en plena carretera, entran al patio los más –mis- nuevos que yo. Todo el mundo se ubicó en su compañía (formación constituida por cuatro escuadras, que a su vez debe estar conformada entre siete y diez soldados cada una), la uno, la dos y la tres), menos el muchacho de los dibujitos. No sabía en qué compañía le correspondía incorporarse. Después de estarse metiendo en cuanta compañía había en ese patio, todo el mundo le preguntaba en que compañía le tocaba y él por supuesto entendía que no era en esa donde le estaban preguntando.
Entonces lo llamo y le digo que se meta en la 2da compañía, donde estoy yo (por supuesto, la mejor compañía de toda la Fuerza Armada Nacional Bolivariana). Se incorpora y sigue la mandadera: a la izquierrr, a la dereeee y ahora media vuelta (unos la daban para la derecha y otros para la izquierda y otros se quedaban estáticos porque no se sabía para donde había que dar la media vuelta) y el dedo medio a nivel de la costura del pantalón y etc. Y en eso llama el –mi- sargento:
.- Los que tengan entre 18 y 45 años, acá, una formación en columna de a cuatro acá, al frente de mí.
.- Anda, pásate para allá que tú tienes menos de 45 años. Y yo feliz de tener 54; seguro y los mandan a hacer salto è rana.
El muchacho se pasa para el otro grupo y empieza a cambimbear de escuadra en escuadra. .- ¿Tú eres de la escuadra 1? y el muchacho se encogía de hombros; ¿Tú quedaste en la 4? Y su silencio era interpretado como que se metió en la que no era; parecía una pelota de goma.
Aquella vaina me arrugó el corazón.
.- Permiso sargento (todavía no me acostumbro al sargento mío) y me acerqué a él y no me regañó porque me salí de la formación sin su permiso. .- Mire, yo creo que el compañerito nuevo que está allá, el de cachucha así, el de la franela asao, ese que está de último, tiene problemas para la comprensión, supongo que puede tener algún tipo de dificultad intelectual y además tengo la impresión de que ahora es cuando está aprendiendo a leer y a escribir.
De inmediato el sargento se colocó a una distancia prudencial del joven, luego lo llamó y lo reincorporó a la 2da compañía (la mejor del mundo, acuérdense). Su cara era de: ¿Qué hice mal? ¿Bueno es allá o es aquí?, ¿Me dijeron que me pasara para allá y ahora me sacan para acá de nuevo? El sargento le explicó que le darían una función especial e importante. El muchacho se quedó tranquilo y contento.
Por supuesto, alguien que se percató de la situación, y como en todo barrio – porque allí lo que hay  puro proletariado-, no faltó quien preguntara:
.- ¿Lo van a sacar mi sargento?
.- No, ¿Y por qué lo vamos a sacar?, él debe ser útil para algo, ya buscaremos qué. Luego el –mi- sargento se paró en medio de la formación y dijo en voz alta:
.- Aquí todo el mundo sirve para algo, o sirve para una cosa o sirve para otra, pero todo aquel que quiera a su patria, aquí tiene un lugar y será bienvenido, no importa ni su edad ni su condición; aquí todo el mundo es útil y lo necesitamos.
Coño, confieso que me sentí como uno de los llaneros cuando Bolívar les habló en la sabana del Campo de Carabobo, y me dije: .- Creo que estoy en el lugar correcto.
Y aquella pepa e` sol.
.- ¿Vieron por qué tienen que traer gorra? Eso sí, aquí no se vayan a presentar con una gorra de coca – cola,  de adidas o con cualquier gringadas de esas; aquí somos venezolanos, chavistas y patriotas y no gringos. Y vista al frentttttt, dijo el teniente.
Yo como que me quedo, -volví a decirme a mí mismo-. Aquí parece que sí se le está cumpliendo, compañero presidente Chávez; aquí hay americanismo, venezolanismo, inclusión, aquí hay revolución, aquí hay revolucionarios.
Aquí lo que está es el barrio. La humidad y la sencillez vestida de kaki y verde (esto es una obra de arte verde como el verde de Cabré). Puros hombres y mujeres de bien. Lo más puro y noble de la revolución y del pueblo subversivo de Dios. El ciudadano-soldado de Bolívar, cobrando vida en el sueño y obra de Chávez. Es la otra mitad de los venezolanos (as), cuyo orgullo y savia supo mostrar El Libertador al naciente imperio gringo, en la carta al emisario Irving, el 17 de octubre de 1818:
“(…) protesto a usted que no permitiré que se ultraje ni desprecie el gobierno y los derechos de Venezuela. Defendiéndolos contra la España ha desaparecido una gran parte de nuestra población y el resto que queda ansía por merecer igual suerte. Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende”. F. Pividal. (2006). Bolívar: Pensamiento precursor del antimperialismo. P. 133.
Aquí cabemos los viejos, los carajitos, los tullíos, las mujeres, los quedaos, los aviones, los jóvenes, los iletrados, los profesionales, los sabios, la joven miliciana con su hijo de 4 meses de edad mamando teta en plena formación, la unidad de compañeros (as) con dificultades auditivas, cuyo jefe les da órdenes por medio de señas. Todos –los ahora- visibilizados. Todos (as) patriotas, todos (as) chavistas.
Aquí la gente le está consiguiendo un sentido y un propósito a sus vidas, a su tiempo, a sus lealtades, a la patria, a Bolívar. Milicia participativa y protagónica.
Gracias camarada Chávez, y también gracias camarada Rubio, gracias camarada Gómez. Entendimos la lección de Bolívar del año 1814.
En Venezuela está cambiando la subjetividad del verde oliva. Del verde de la Escuela de Las Américas, al verde chavista del bosque socialista.
  
Y me despedí del muchacho con un apretón de manos diciéndole…
.- Hasta el otro sábado mi nuevo. Y el muchacho sonrió.
Viejo pero patriota, no joda.

Y últimamente, Chávez nos mandó a meter en la Milicia para defender esta vaina…
.- Dígalo ahí MI COMANDANTE CHÁVEZ.
            

Fernando Pérez
5.894.935   

1 comentario:

  1. Hermoso escrito mi nuevo camarada Fernando, se me erizo la piel de ñangara otrora renuente s todo lo que sonora a militar, hasta desconfie de mi comandante cuando aparecio por su formación verde oliva. Tienes razón, por ellos se nos metió hasta en la milmillonesima neurona el sentido de lo que es patria, patria querida y nos emociona verlos resistiendo estoicamente en las batallas-colas de esta debilitado despiadada guerra económica. Bueno mi colega y mi nuevo camarada un saludo firrr y admiración

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