16 nov. 2014

DE GUARIMBAS Y ÉTICA




¡Ay de quien por necesidad requiera ponerse en manos de un profesional de la medicina en estos tiempos de polarización! Además de la angustia, del dolor y la incertidumbre, en lugar de la hospitalidad nos enfrentamos a la hostilidad. Si el o la paciente es vista, por su apariencia, ropa, color de su piel u otro rasgo que el profesional clasifique como una posible “chavista”, caerán sobre él o ella frases alusivas a lo mal que estamos, lo imposible de ejercer la medicina en estos tiempos, cuando no son frases de desprecio al gobierno, al país, o la “gente” que vota por  este gobierno, el de Chávez, el de Maduro. En el caso de tener los rasgos que, en la entendedera del profesional, lo lleven a considerar que el paciente piensa igual, hay que sufrir la andanada de frases y quejas revelando su amargura, el paciente entonces tiene que escucharlo y esperar que se desahogue. Solo nos resta, en uno u otro caso, pasar suave, porque no sabemos qué garantía tenemos que esa amargura no  se vuelque en el acto médico.

Qué terrible que la ética  profesional de cualquiera de los o las profesionales de la salud, incluso de la salud mental, quede de lado. Ni un pensamiento  sobre si aquellas frases, el gesto o la acción hieran al paciente, lo perturben y no ayuden para nada a resolver su problema, a confiar en quien lo asiste, cambiar su dolor por  alivio, la angustia por la calma, la enfermedad por la curación. Nada de eso importa ante la demostración “militante” de la oposición. Y cuando se trata de un hospital público no hay ninguna consideración de que el salario devengado proviene del mismo pueblo, del mismo gobierno del que se despotrica.  Ni una consideración que desde la posición de “poder”, supuesto, por cierto, esta actitud   humille al semejante que no ha hecho otra cosa que padecer, enfermarse y no saber qué le acontece.

Si las guarimbas callejeras buscan paralizar, desestabilizar, violentar la vida ciudadana, esta situación aquí descrita también la podemos llamar guarimbas. Aunque la guarimba del juego infantil era un refugio para lograr seguridad y un momento de apaciguamiento en medio del agite del juego,  esta acepción  de guarimba es el espacio desde  donde se dispara la  palabra  dañina. Recibir desprecio y humillación ¿será el precio a pagar por la atención  médica?  Algunos podrán  elegir, cambiarse de hospital, clínica, de médico, de tratante, de terapeuta, pero muchos no pueden. En ese caso, solo les quedará  ¿“morir callados”? 

Digámosle NO a esa humillación. 

   María Antonieta Izaguirre
Psicóloga Clínica



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