5 abr. 2016

SOBRE LA AGRESIÓN IMPERIAL CONTRA NUESTROS PUEBLOS Y GOBIERNOS






En la América libre se avanza hacia el logro de la mayor suma de felicidad posible -como nunca antes se ha visto- en materia de salud, educación, justicia, alimentación y dignidad. Pero también está en pleno auge una guerra no convencional contra nuestros gobiernos y pueblos.   
   
Así que, otro fantasma recorre –una vez más- América: el fantasma del fascismo. Todas las fuerzas imperiales, contrarrevolucionarias  y reaccionarias se han unido en santa cruzada para apoyar y alimentar a ese monstruo (*).

Dicho fantasma también sabe vivir las épocas, evoluciona y se viste a la moda. Ya no se disfraza con cachuchas o uniformes militares;  hoy lleva el ropaje de los medios de comunicación que matan, engañan, confunden, silencian, mienten y tumban gobiernos.  Su objetivo es sembrar el miedo, la desconfianza, la zozobra, el descontento, la desesperanza y la muerte. Todo ello dirigido diaria y sistemáticamente a la psique y las emociones de la población.

Esclavismo, feudalismo, capitalismo- neoliberalismo y comunicacionismo (como nueva forma de dominación más evolucionada, de control menos visible y sutil, más no por ello menos dañina y mortal). Los medios van delante de las bombas y los tanques.  

En nuestra América se ha desatado una ola restauradora del conservadurismo neoliberal feroz, que arrasa con todo y con todos, siempre a favor de los intereses de los poderosos, que finalmente tributan a las grandes transnacionales, a los dueños del mundo, por obra y gracia del poder del dinero.

 Se irrespeta la legalidad -instaurada por ellos a la medida de sus intereses-, se viola el estado de derecho; se utilizan estrategias judiciales (Brasil) y parlamentarias (Honduras, Paraguay y Venezuela) contrarios a los intereses de las mayorías; eso sin dejar de lado los mecanismos clásicos (magnicidios, golpes, renuncias, fraudes, bloqueos y una nueva Operación Cóndor reeditada), para deshacerse de gobiernos, presidentes y  pueblos incomodos. Es el ensayo de nuevos esquemas, dirigidos desde EEUU, con rutas desestabilizadoras en cada una de nuestras naciones del continente. Crear el caos es su objetivo, para luego justificar el saqueo y el pillaje bajo la farsa  de la ayuda humanitaria y así, mantener su hegemonía.    

Estados Unidos está creando una internacional de la desestabilización en todo el planeta tierra. Ahora les tocó el turno a Maduro, a Lula y a Dilma, a Correa, a Evo.    

En Venezuela arrecia la guerra económica, contra nuestro petróleo y la violencia criminal (financiada y armada por la derecha), que asfixia al pueblo para que éste, en su desespero, demande orden, mano dura, “cambio”  burgués, abundancia de marcas (de productos innecesarios) y la paz de la clase dominante. Son crisis fabricadas y elaboradas calculadamente. La derecha reaccionaria y fascista se apoderó -de la colina- de la Asamblea Nacional. Los ataques sistemáticos y cotidianos dificultan el avance de la obra revolucionaria.  

En Argentina, Rafael Videla reencarnó en Mauricio Macri,  que actualmente derrumba la obra llevada a cabo por los Kirchner, luego del desastre menemista.

En Bolivia, el espíritu de nuestros ancestros indígenas renace y recupera el esplendor y el sentido guerrero de Túpac Katari y de Guaicaipuro, que han vuelto hecho millones. Pero la reacción no ha permitido que Evo “el Aymara” sea reelegido como presidente. 

En Ecuador, la clase media reaccionaria copia el modelo guarimbero venezolano y desata la violencia en Quito, mientras los medios de comunicación privados destrozan la imagen del presidente Correa y atacan a la Revolución Ciudadana. 

Cuba ha sido visitada por el lobo, disfrazado de Caperucita, pero nada de desmantelar el bloqueo ni la base de Guantánamo. Sin embargo, allí no se ha permitido la presencia de los medios de manipulación social, por lo que la obra de desestabilización les ha costado más, pero que nunca han dejado de agredir a esa isla de la dignidad.      

En Brasil, una maniobra judicial intenta derrocar a la presidenta Dilma Roussef e inhabilitar al presidente Lula para su postulación a la reelección presidencial. Intentan una confrontación entre los poderes judicial y ejecutivo. Las agresiones no han tenido límites: detuvieron arbitrariamente a Lula; el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) le retiró su apoyo al gobierno y los seis ministros de este partido, renuncian al gabinete.  Esa ruptura posibilita que Dilma Rousseff pudiese ser sometida a juicio político en poco tiempo. Esa maniobra pretende un juicio -previamente preparado- del Congreso, para ocupar el poder, imponiendo a Michel Temer (actual vicepresidente y miembro del partido derechista PMDB), sin ningún tipo de consulta al pueblo, sin elecciones, ni referéndum revocatorio.

La derecha brasilera, que tiene fuerza y capacidad de convocatoria, presiona para acabar con esa experiencia política que ha sacado de la pobreza a más de 40 millones de seres de la República Federativa del Brasil. Este gigante es la séptima economía del mundo, posee un importante liderazgo regional; es un abanderado del MERCOSUR;  en sus 5 millones de kilómetros cuadrados habita la mayor riqueza en biodiversidad del mundo, sin contar con sus significativas reservas de  hidrocarburos; pertenece al bloque de los BRICS, que emerge frente a la economía del dólar.  José Ignacio Abreu E Lima -el General de las masas-  y Chico Méndez están a la espera por si hay que colocarse de nuevo al frente: “Hay que atreverse a luchar y atreverse a vencer”. 
 
Si de juicios se trata, que se realice un juicio, primeramente, al sistema capitalista y a la corrupción como mecanismo inherente al mismo. En segundo lugar, de haber un juicio, este debería ser llevado a cabo por el propio pueblo y no por  políticos tramposos y corruptos.    

Dilma es la presidenta elegida –legítimamente- por el pueblo. Por tanto esa es la única manera en que podría –dada la actual circunstancia- dejar la presidencia. No es posible ninguna salida que no implique una consulta a la población, para luego realizar una nueva elección.    

Finalmente, el futuro y destino de las Revoluciones en América Latina  dependen de la capacidad de lucha de nuestros pueblos. Ya lo dijo el presidente Chávez: Unidad, Lucha, Batalla y Victoria; por lo que se hace imprescindible continuar avanzando e impulsando la integración latinoamericana.
Porque “a pesar de usted –señor imperio-, mañana ha de ser otro día”.   

(*) Parafraseando al Manifiesto Comunista. 

 Mg. Fernando Pérez

1 comentario:

  1. Una descripción muy clara de la agresión a la que estamos siendo sometidos. Ante ella, sólo la conciencia, confianza, trabajo nos mantendrá en el camino de la Soberanía y la Paz

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